De nada nos privamos; ni tan siquiera de ser la Autonomía más endeudada, en relación al PIB, de todo el Estado español. Pero contamos con 23 embajadas, con todo el personal y servicios necesarios. Lucimos caché aunque seamos deudores de nuestra piel. Una chulería que de bien poco sirve, pero que quizá forme parte de ese meninfotisme tan característico del valenciano. Esa puede ser también la explicación de que con tantos abusos y casos de corrupción que anegan este territorio el ciudadano parece no querer enterarse y sigue votando al Partido político que encabeza tantas tropelías.

Comenzó Zaplana con sus megalomanías que se plasmaron en Terra Mítica, cuyos costes resultaron un abuso y una tomadura de pelo a los valencianos; los resultados económicos, una pérdida exagerada del dinero de todos. También el amiguito Julio Iglesias recibió buenos emolumentos con ¿presuntos? escamoteos a la justicia por sus 'gwendolines' 'publicitarios' de Valencia.

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