Este Gobierno del PP, arropado por su mayoría absoluta, está disfrutando sádicamente con la destrucción del Estado de Bienestar, con sus cínicas mentiras (Cospedal sigue insultándonos diciendo que el suyo es el partido de los trabajadores) y con sus amenazas traducidas en miedos por parte de la ciudadanía.

Si se tratara de un Gobierno de izquierdas, ya estaría la gente en la calle en la totalidad de las tierras españolas y los sindicatos hubieran convocado huelga general. A la izquierda se le exige todo porque es la misión de ésta la defensa a ultranza de los derechos  de todos nosotros; pero la derecha sigue despertando un temor paralizante, incluso los dirigentes de los sindicatos de clase, Toxo y  Méndez quieren jugar sus bazas a carta segura, tras la prospección de la tasa de malestar y consecuente seguimiento de los ciudadanos, porque saben que ahora se juegan su permanecer o no, la de los sindicatos. También es verdad que su tarea se ha burocratizado cómodamente, y en el despacho se vive mejor que pateando las empresas y averiguando in situ los graves problemas que atenazan a los trabajadores. El PP está amordazando a todos y a una velocidad imparable. El último ejemplo es la terrible Reforma Laboral.

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