Si el penúltimo último eufemismo del gobierno popular ha sido llamar “ahorro” a los recortes previstos para las pensiones (“Es ahorrar y no recortar. Es ahorro sobre el crecimiento previsto”, según Tomás Burgos, secretario de Estado de la Seguridad Social), la última ambigüedad definitoria había consistido en llamar “regulación del factor de sostenibilidad y del índice de revalorización del sistema de pensiones de la Seguridad Social” a la devaluación que sufrirán las mismas.

Todo esto sucederá si se aprueba el anteproyecto de la ley de sostenibilidad de las pensiones con que amenaza el Gobiernoy el IPC deja de ser el único indicador de revalorización de las mismas al incluirse como principal referencia el balance de los ingresos y gastos del sistema público. Por si fuera poco, también la cuantía inicial de las pensiones variaría (a la baja, se entiende) porque se calcularían según la expectativa de vida que, por ser esta cada vez mayor, forzaría a reducir la cuantía de las pensiones para que la seguridad social pudiera pagarlas durante más años.  Increíble, pero cierto.

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