Opinión
El expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol durante su intervención en el homenaje que la entidad Amics de Jordi Pujol le ha rendido hoy en Barcelona.
Imagen de archivo de Jordi Pujol

Jordi Pujol, un entusiasta del sionismo

Y Trump, el mejor amigo de los fabricantes de armas

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Mié, 16 Mayo 2018

Un periodista palestino, afincado en Madrid, explicó que, al acudir a una rueda de prensa de Jordi Pujol, con motivo de la inauguración en Barcelona de los Juegos Olímpicos de 1992, pudo escuchar de viva voz que el president se sentía “sionista.” No sorprenderá por tanto que sus herederos políticos, ahora bajo las siglas del PDCAT,no hayan denunciado la matanza en la frontera con Palestina.

No ha sido el caso del diputado de ERC, Joan Tardá que, el martes, junto a otras organizaciones de izquierda, reclamó ante el Congreso de los Diputados el fin de las acciones militares de Israel en Gaza, exigiendo al Gobierno de Rajoy que condene los crímenes de guerra que está cometiendo Israel en su “acción genocida.”

Muchos años después de que Pujol manifestara sus simpatías sionistas ante la cita mundial de los JJ.OO, el entonces president  Artur Más, al recibir un premio de la Associació d’Amics d’Israel y de la Comunidad Israelita de Barcelona, aseguró que “como Israel, en Cataluña hay un pueblo determinado a ser libre.” Ese día se celebraba la festividad de la independencia de Israel.

La simpatía entre el Gobierno israelí y los políticos que se alinean con Puigdemont debe ser mutua. Cinco días después de la declaración unilateral de independencia, el ministerio de Asuntos Exteriores israelí  dijo, en un comunicado, que su país esperaba que la crisis interna en España “se resuelva rápida y pacíficamente". De Cataluña, ni una palabra. Y durante el procés, en el ámbito del PDCAT se comentaba que Israel era la principal potencia con la que podían contar para echarles una mano.

La matanza de manifestantes palestinos  llevada a cabo por el ejército israelí en la frontera de Gaza, quedará para la historia como uno de los actos más abyectos.  Donald Trump tenía que ser  consciente de que trasladar la embajada de Estados Unidos de Tel-Aviv a Jerusalén podía  provocar muerte y desolación , porque la soberanía israelí sobre Jerusalén no está internacionalmente reconocida y deberá ser negociada en el capítulo final de las conversaciones de paz entre Israel y Palestina.

Amnistia Internacional, Médicos sin Fronteras… entidades humanitarias de todo el mundo han condenado la masacre. La Asociación por la Defensa de los Derechos Humanos de España lo resumía  afirmando que esta criminal acción representa una flagrante violación de las resoluciones de la ONU y un desafío al derecho internacional:  “La manifestación realizada en la zona de descampado lindante con  la valla  fronteriza con Israel, en ningún momento podía poner en peligro la seguridad de los soldados israelíes parapetados  tras un gran talud de tierra y cemento al otro lado de la valla, lo que hace más incomprensible el uso de armas tan  letales como las balas de fragmentación utilizadas”.

 Algo que no sorprende porque el actual presidente de Estados Unidos es un gran amigo de las armas.

 

Enric Sopena es Presidente Ad Meritum y fundador de ELPLURAL.COM