Opinión
Los diputados de Junts pel Sí y la CUP aplauden la aprobación la Ley de Transitoriedad Jurídica EFE
Los diputados de Junts pel Sí y la CUP aplauden la aprobación la Ley de Transitoriedad Jurídica.
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EFE/Archivo

La ley de desconexión produce escalofríos

Es manifiestamente ilegal y prevaricadora por su contenido y por las formas en las que fue aprobada

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Lun, 11 Sep 2017

Si fuese un catalán independentista y demócrata, que aún conservase la sensatez, y dedicase unos minutos a leer la Ley de desconexión, comenzaría a preocuparme muy seriamente del futuro de Cataluña de entrar en vigor, porque es una norma impuesta por una mayoría minoritaria abiertamente en contra de una minoría que obtuvo más votos en las urnas, en la que solo tienen cabida quienes piensen como sus promotores, y dejan en el limbo de la indefensión al resto de los catalanes, que se ha convertido en una mayoría silenciosa que no se atreve a pronunciarse en libertad. Y a eso se llama cargarse un sistema democrático para convertir Cataluña en un país con un sistema totalitario,  en el que el poder judicial, uno de los tres pilares de la división de poderes de Montesquieu, pasaría descaradamente al control absoluto de los poderes ejecutivo y legislativo.

La Ley de desconexión es manifiestamente ilegal y prevaricadora por su contenido y por las formas en las que fue aprobada, y conculca descaradamente, y a sabiendas de sus promotores, la Constitución Española, el propio Estatuto catalán, las normas de funcionamiento del Parlamento de Cataluña, y un ingente número de normas legales del Estado español, empezando por el Código Civil, y continuando por todas las Leyes Orgánicas que hemos aprobado durante los más de 40 años de democracia. Y a eso se llama golpe de estado del sistema establecido.

Lo curioso es que quienes pretenden romper con el resto de España, deciden unilateralmente y a su antojo, y sin contar con los demás, qué leyes estatales se mantienen en vigor y cuales son derogadas parcialmente, lo que supone una transgresión legal más propia de repúblicas banareras, y les sitúa en el ridículo camino a ninguna parte. Porque a ningún lugar llegarán así, y lo saben, pero con ello pretenden retar al Estado español para convertirse en víctimas del cumplimiento de la Ley, que ahora llaman represiva, con el exclusivo objetivo de conseguir más adhesiones a su causa; aunque si el desastre se consuma, muchos independentistas, que solo lo son de prestado y por las circunstancias del momento, muy pronto se unirán al grupo de los arrepentidos, como ocurre con los votantes del Brexit en el Reino Unido o de Trump en EEUU. Las decisiones de transcendencia se piensan y meditan antes, y no después; votar que sí en las actuales circuntancias, sin analizar las consecuencias, es toda una frivolidad, impropia de quienes parecen ahora sentirse “superiores” a los demás.

Curioso es el tratamiento que se da en la Ley de desconexión al tema económico: todos los ingresos para mí, y las deudas por el momento no las asumimos y ya las pactaremos con el resto de España. Curiosa y egoísta manera de organizarse su futuro a costa de los demás. Como llamativo es el tratamiento de la doble nacionalidad, sin darse cuenta que para seguir siendo español es preciso contar con España. Me marcho de casa a la brava pero quiero seguir usando la nevara para lo que se tercie. De chiste de la Codorniz, si no fuese porque insinúan que están dispuestos a llevarlo a cabo, y están creando un cisma con la otra mitad de los catalanes y con el resto de España. Por cierto, de solidaridad ni palabra; ¿saben lo que es?

Hoy se celebra la Diada, y me congratulo con que tenga lugar una gran manifestación en Cataluña, como gesto multitudinario de la libertad de expresión, aunque no sea una fiesta de todos los catalanes, ya que no tienen cabida los que no sean independentistas. Pero mañana martes es otro día, volveremos a la realidad, y espero sea el momento de comenzar a recuperar la sensatez. Yo no quiero un divorcio así, con estos políticos, y a la brava, me decía la pasada semana un amigo catalán independentista; la locura no puede ser el camino para que se cumplan los deseos.