Cada día mueren más de 130 personas en Estados Unidos a causa de sobredosis derivadas del opio. Se dice pronto. Son datos del según los últimos datos de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades sobre esta crisis de salud pública que ya ha hecho descender la esperanza de vida en 2017 a los 78,6 años, una décima menos que el año anterior. Según esta misma institución, además, los suicidios permanecieron como décima causa de muerte en EEUU el año pasado, alcanzando la cifra de 14 por cada 100.000 fallecimientos. En total, estos centros de prevención calcularon 70.237 muertes por sobredosis en 2017, lo que supone 21,7 por cada 100.000 fallecimientos.

Normalmente, las víctimas son personas enganchadas a opioides, entre los que se incluyen los analgésicos recetados, la heroína y los opiáceos sintéticos como el fentanilo. Ayer se protestó en el Museo Guggenheim  de Nueva York lanzando al vuelo falsas recetas médicas de OxyContin, porque la farmacéutica que produce este fármaco aporta donaciones económicas al museo y, en los años 90, lanzó al mercado un opiáceo que, afirmó, no era adictivo, pero muchos pacientes terminaron enganchados. En 2007, el fabricante del medicamento se declaró culpable de engañar a reguladores, doctores y pacientes sobre el riesgo adictivo del opiáceo.