Al menos tendrán una historia interesante que contar. Que sí, que fueron por su sueño y este se convirtió en pesadilla. Que a veces hay que pensar las cosas. Pero qué queréis. Los románticos son así. Van con todo. Olé por ellos.

Abandonarlo todo

Olé por Nikki Walsh y Tanner Broadwell. Desde hace unos días son noticia con una media sonrisa de quién se entera de su aventura. Gente que se ríe de ellos. Pero que en realidad deberían envidiarles. Porque esta pareja de Colorado, Estados Unidos son admirables. Dejaron sus trabajos, vendieron casa, muebles y demás posesiones. Ellos sí que decidieron romper con todo, no como los demás, que nos cansamos de decirlo pero nunca lo haremos. Ellos sí lo hicieron. Y con el diseño que recaudaron con ventas y finiquitos se compraron un velero de ocho metros. La idea era surcar los mares del mundo. Parar en los puertos que quisieran. Visitar tienes exóticas. Ir literalmente a donde les llevara el viento. El puerto de Tarpon Springs en Florida era el punto de partida. El de destino, quién sabe.

Veinte minutos después

Pero desgraciadamente, tan solo veinte minutos después de botar el nuevo barco, a solo unas millas de haber iniciado su viaje a ninguna parte, el velero chocó contra el fondo. Los bancos de arena dibujados en las cartas náuticas habían cambiado de ubicación debido a los últimos huracanes. Y el velero, irremediablemente, se fue a pique con ellos dentro. Su poca pericia marinera casi les cuesta la vida, aunque los dos están bien de salud. ¿Y de ánimos? Deberían estarlo. Ellos sí que pueden decir que han cumplido su sueño. Sí, puede que veinte minutos parezca poco, pero al menos son veinte minutos en los que se sintieron dueños de su destino, realizados y completos. Muchos matarían por ese veinte minutos más que por los quince de fama.