También el vino se está viendo afectado por el cambio climático. Los fenómenos meteorológicos extremos que son consecuencia de éste, así como las alteraciones en la poda o la recolección a las que obliga, esta llevando a repensar los procesos para obtener vinos de calidad, por ejemplo adelantando la recolección, para evitar que el cambio climático cambie el mapa de la producción del vino, y altere los sabores que ahora conocemos.

Altas temperaturas, arma de doble filo

Así, si las altas temperaturas de los últimos años fueron favorables para las cosechas, el exceso del termómetro empieza a ser preocupante, pues tiene un efecto adverso. La primera voz de alarma la dio, en 2013,  un climatólogo estadounidense en el National Academy of Science Journal, donde publicó un estudio en el que se predecía la desaparición de los viñedos franceses debido a la subida de las temperaturas.

Mayor graduación alcohólica

Hoy, entidades como la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) detectan un aumento generalizado en el contenido del alcohol mucho más rápido durante los últimos 50 años, en comparación con los anteriores 30, y sobre todo en el Mediterráneo, donde este contenido se está acercando al 15%.

pH más elevado

También se ha notado que los vinos actuales tienen un pH más alto y una menor acidez, lo que hará que duren menos en botella. Y es que el riesgo de que el pH en un vino sea elevado provoca que se aclare y aumenten las posibilidades de que se desarrollen microorganismos perjudiciales para su maduración. Además, la falta de agua y el exceso de calor propician que no exista concordancia entre la maduración de la piel y de la pulpa, y el resultado son vinos más duros. Para paliar estos efectos, los expertos intentan desarrollar nuevas variedades de uva mediante técnicas de modificación genética. También se estudia la posibilidad de trasladar los viñedos a zonas más adecuadas, pero esto podría alterar las Denominaciones de Origen.