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No me preguntes qué quiero hacer con mi futuro, señor

El futuro es una gran incógnita y, de verdad te lo digo, cada vez que me preguntáis dónde estaré dentro de cinco años me da urticaria

Sáb, 9 Jun 2018

No me preguntéis qué voy a hacer dentro de cinco años, ni cómo me veo en el futuro, ni cuáles son mis expectativas. Ahora mismo, apenas puedo encargarme de lo que ocurre en mi presente, como para ponerme a pensar en lo que voy a tener que hacer dentro de cinco años.

Es un clásico: vas a una entrevista de trabajo, está saliendo perfectamente y, de repente, el encargado de recursos humanos se acuerda de 'La Guía Rápida Para Entrevistar Millennials' que se leyó el mes pasado y pregunta: 'Ah, por cierto, una última cosa, ¿dónde te ves dentro de cinco años? Puedes decir lo que te apetezca'. Repito: 'Puedes decir lo que te apetezca'. PUEDES. DECIR. LO. QUE. TE. APETEZCA.

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Evidentemente, cuando alguien te pregunta esto espera encontrar una respuesta ambiciosa, con visión de futuro y ganas de comerse el mundo. No obstante, la mayoría de nosotros pensamos que dentro de cinco años nos gustaría estar comiendo bien de nuestro propio sueldo y, eso, lo percibimos como una fantasía de la que no tenemos ninguna garantía. Nuestra ambición toca su techo con la ilusión de vivir cómodamente, sin preocupaciones ni precariedad.

Los millennial somos la generación de las dudas

Los millennials son la generación con más ansiedad hasta la fecha por muchos motivos. Primero, porque está más popularizado el término 'ansiedad' y, por tanto, lo usamos; segundo, porque vivimos en un mundo tan globalizado que estamos expuestos a todos los problemas sociales, no solo los de nuestro entorno; tercero, porque somos la generación con menos garantías. Tras la crisis del 2008, ningún millennial sabe si su carrera le dará de comer, si podrá permitirse una vivienda o si podrá profesionalizarse en un sector con buenas perspectivas socioeconómicas.

No tan solo eso, sino que los millennials, la mayoría sin haber salido al mercado laboral, ya se encuentran sometidos a mucha presión. No solo la ansiedad se ha generalizado, sino que todos buscamos conseguir experiencia laboral lo antes posible, las dificultades económicas derivadas de la crisis han obligado a la mayoría a estudiar mientras trabaja y muchos empiezan a cargar grandes frutraciones que imipiden una visión con perspectiva de futuro, pues el presente ya es demasiado complicado como para ir más lejos.

Entonces, ¿dónde nos vemos en cinco años? Para entonces, yo estaré a punto de cumplir los 27 años. Cuando era pequeña, me imaginaba que por aquel entonces ya estaría cerca de casarme (ya sabéis, los mandatos sociales y estos movidotes). Hoy espero haber dejado de ser becaria, poder permitirme fácilmente una habitación grande en un piso compartido y trabajar de algo que me permita comer todos los días. Esa es mi gran expectativa. Al fin y al cabo, somos la generación que sufrimos la crisis en nuestra adolescencia, no podemos esperar nada más de la vida adulta que una vida tranquila, un trabajo medianamente entretenido y la posibilidad de llegar a plantearse el alquilar un piso en alguna ciudad española.

El presente es nuestro lugar

Ahora, sobre mi futuro laboral, solo le pido que me permita disfrutar y mantener una vida digna. Si me pongo a soñar, me entra miedo. No quiero expectativas ni sueños rotos.

Pero hay una cosa que jamás pierdo, a pesar de todo: las ganas de ver qué hay más allá. Aunque el miedo me haga vivir en el presente, incluso este es un motor. Ningún millennial se plantea que un trabajo dure más de tres años porque en el mundo hay demasiados trabajos como para quedarse con uno. Nos comemos nuestra realidad a base de curiosidad pura y, paradójicamente, es esa misma los que nos hace estar inseguros sobre qué ocurrirá.

Sí, pensamos que el mundo exterior da miedo. También sabemos que somos una generación muy bien preparada, que tenemos mucho por ver, que nos queda mucho camino y trabajo. Así que no me preguntes dónde me veo en cinco años porque no quiero saberlo: no quiero autoimponerme un camino. El presente es donde vivimos, donde crecemos y donde aprendemos. Ahí es donde pertenecemos. Para mí, la auténtica pregunta es, ¿qué quieres hacer ahora mismo?

Ahora, aprender. Ahora, probar. Ahora, descubrir. Luego, un futuro. Una casa. Tranquilidad. Saber que he corrido un largo camino hasta llegar ahí. Saber que hay seguridad.

Pero lo importante es ahora. El ahora es lo que provoca ilusión. Ahora quiero trabajar.