El Rey emérito, don Juan Carlos, vio frustrado su intento de veranear en Marivent, en Palma de Mallorca. El paso atrás fue explicado por problemas médicos, aunque coincidió con la polémica de Corinna y el dinero en el extranjero. Sin embargo, podrá resarcirse en la localidad gallega de Sanxenxo, que ha resultado ser un apacible retiro, donde tiene previsto volver a mediados de septiembre para participar en la regata que lleva su nombre.

Sanxenxo se ha convertido en un destino habitual del rey Juan Carlos, que ya estuvo en primavera y volverá los días 21, 22 y 23 de septiembre. Y allí se rodea de amistades menos polémicas que las habituales. “Aquí todos tienen sus trabajos, sus empresas y sus familias mucho antes de que llegara don Juan Carolos. No tienen necesidad de medrar”, cuenta su círculo en un reportaje de Vanitatis.

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Esta publicación ha recuperado las mil y una anécdotas que ha vivido Juan Carlos I en esta localidad gallega, aunque la inmensa mayoría están centradas en el “buen comer” del monarca, que se inclina por los locales “que no tienen estrellas Michelin”, como La Centoleira y Playa de Beluso, los dos con vistas al mar y a la playa de Bueu.

Además, son restaurantes sin reservado, por lo que el rey emérito espera en la taberna si hay overbooking y se sienta en plena sala, compartiendo mantel y servicio con los súbditos. También las formas en el comer, alejadas del protocolo real: “Da gusto ver cómo rebaña con pan de maíz. Y no se pierde los chipirones encebollados del Club Náutico”, cuentan a la citada publicación.

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Eso sí, a la hora de elegir en la carta, los productos no están al alcance de cualquiera. Su predilección son los percebes y las nécoras y suele optar por el pescado, sobre todo por la recomendación del día, que solo se salta cuando hay merluza de pincho, que toma rebozada. También le pirran las empanadas de zamburiñas, los pimientos de Padrón y hasta los enormes filetes empanados con patatas fritas.

Antes, el rey solía quedarse en una hospedería real. Pero un día fue invitado a casa de su amigo Pedro Campos, un chalet unifamiliar a las afueras, y ya no hubo quien le moviera. El monarca dijo que prefería quedarse ahí, que le gusta más, y desde entonces es el invitado estrella de la casa. Tiene habitaciones propias en la planta de arriba y, como no hay ascensor en la vivienda, el rey se apaña subiendo las escaleras a un ritmo tranquilo.