Sería estupendo poder pasar de largo de los mini créditos y soltarles ese “no os necesito. Aun así, gracias por el ofrecimiento”, pero esto sólo sucedería en un mundo perfecto o en uno que no padeciera crisis alguna. Lo cierto es que la mayoría de las finanzas de los españoles no está para arrebatos de suficiencia, dado que los salarios no cesan de bajar, mientras que los impuestos perseveran en lo contrario: suben. Pero a pesar de esto, las necesidades de los particulares no amainan y seguimos precisando de tres comidas diarias, pagar las facturas, afrontar gastos sobrevenidos como la reparación del automóvil o, simplemente, agasajarnos con una buena cena navideña con los nuestros, pues no nos apetece asemejarnos al pariente pobre del señor Scrooge.

Desde luego, a los bancos no podemos acudir dado que casi todos ellos se muestran reacios a soltar crédito alguno. No en vano, el plantel de exigencias que nos proponen a la hora de concesión es difícil de cumplir, así que nos toca mudar de candidato para nuestras pretensiones y he aquí que en los últimos años, por obra y gracia de esta crisis, prospera un tipo de préstamos: los mini créditos rápidos.

Estos préstamos obviamente no pretenden hacernos ricos de la noche a la mañana, ni atajar nuestros problemas de solvencia de una sola estocada, sino ayudarnos a paliar una necesidad de crédito coyuntural. Así que para ello despliegan una serie de requisitos, pero que no se parecen, ni de lejos, a la lista de exigencias que nos plantean los bancos como unos diabólicos cancerberos del crédito.

De este modo, si deseamos premiarnos con una paga extra, de unos 600 euros como máximo (que tiene trayecto de ida pero, por desgracia, también de vuelta) podemos acudir a empresas como Cashper que nos pedirá, entre otros requisitos, haber alcanzado la mayoría de edad y contar con unos ingresos mensuales mínimos para poder asumir la devolución de este dinero cuando llegue la fecha de vencimiento. Ésta no suele rebasar los treinta días desde su concesión.

Además, para solicitarlos basta con una conexión a internet, un mensaje de móvil o por teléfono. De hecho, esta forma de trámite responde a los principios que rigen los mini préstamos: sencillez e inmediatez.

Eso sí, por mucho que algunos se empeñen en ello, los mini préstamos no son un far west donde quedamos a merced de los más viles cuatreros. De hecho, las empresas del gremio no pueden hacer de su capa un sayo e imponer su capricho a una atemorizada clientela, sino que se atienen a una ley y ésta se cumple.

En el caso de España, esta norma es la ley 22/2007 de 11 de julio que busca acatar la directiva 2202/65/CE del Parlamento Europeo. Aunque, eso sí, dichas empresas no se hallan sometidas al Banco de España ni a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Esos jefes sólo batallan con los bancos, pues los mencionados negocios han sido montados con capital privado y sólo han de hallarse registrados en el Registro Mercantil y no violar la legislación en defensa de los derechos del consumidor. Como resultado de la aplicación de estas garantías, durante la tramitación del préstamo siempre se nos informará del interés aplicable. Por lo tanto, no habrá letra pequeña alguna que se ponga a jugar al escondite con nosotros. Así que éste encarna más o menos el ADN de las compañías de mini préstamos como la del ejemplo.

Por supuesto, estos préstamos no se prodigan sólo por España, puesto que en el Reino Unido y en los Estados Unidos también es frecuente recurrir a esta vía alternativa de financiación. De hecho, muchas de las empresas que operan en España son foráneas. Así, Wonga es súbdita de Su Majestad la reina Isabel, mientras que Cofidis es francesa y Kredito24 tiene su cuartel general en Hamburgo (Alemania). De todo esto se deduce que entre nuestros vecinos, esta costumbre está más que arraigada.

De esta manera, quizás nos hayamos topado con una manera de evitar rendir pleitesía a nuestro pariente el señor Scrooge (léase bancos). Por lo tanto, si éste no se conmueve ante la visita del fantasma de las navidades pasadas, presentes y futuras, a nosotros ni fu ni fa, pues tenemos otra manera más rápida de llenar nuestra mesa de Navidad.