Aunque sean disciplinas distintas, la Ciencia Política y la Economía guardan grandes similitudes. Ambas ramas del conocimiento pertenecen a las ciencias sociales; utilizan la estadística como herramienta de apoyo y, usan la "tarta" - en sentido metafórico - para explicar los fenómenos políticos y económicos. Mientras en Economía existen empresas y consumidores, en Ciencia Política convergen partidos y votantes. Mientras en la primera hay mercados de productos, en la segunda hay elecciones y programas. En sendas corrientes se utilizan herramientas de marketing para vender las propuestas y, en ambas hay estrategias similares para conquistar cuotas de mercado. Dicho esto, si leemos: "El arte de la guerra", obra escrita por Sun Bin, – estratega militar chino -, allá por el siglo IV antes de Cristo; nos daremos cuenta que tales disciplinas – la Economía y la Ciencia Política – guardan, al mismo tiempo, paralelismos con las estrategias militares. Al fin y al cabo, la lucha por liderar los mercados es una cuestión de estrategia militar donde entran en juego: las debilidades y fortalezas del enemigo, así como las oportunidades y amenazas del entorno. Solamente, quienes ostentan puntos fuertes y oportunidades son los que sobreviven y gobiernan los mercados, los países.

Para vencer al enemigo o, mejor dicho, para arrancar clientes y votantes a la competencia, las empresas y partidos utilizan todo tipo de tácticas en el campo de batalla. La táctica más utilizada es, sin duda alguna, "la diferenciación del producto". Diferenciar el producto – o el programa – consiste en ofrecer una alternativa más ventajosa para el consumidor, el votante. Una alternativa, cierto, que consiga desnudar los puntos débiles del otro, y convenza al soberano de que tales flaquezas son sus fortalezas. Así las cosas, si Manolo – el frutero de la plaza – vende el kilo de manzanas a tres con veintisiete, y Josefa – la frutera de al lado – las vende, más grandes y mejores, a dos con cincuenta y nueve, probablemente dicha alternativa terminará por "robar" clientes al negocio de Manolo y, por tanto, perderá parte de su cuota de mercado. No olvidemos que en el "arte de la guerra" existen quienes juegan sucio, o dicho en términos coloquiales, "dan gato por liebre" con tal de arañar un puñado de clientes – o votantes – al chiringuito de enfrente. Son, precisamente, estos últimos – los que no son trigo limpio -, quienes corrompen a los honestos e inyectan pensamientos negativos contra todos los que se ganan la vida, bajo las lonas del mercado. Aunque las manzanas de Josefa sean más grandes y mejores; siempre habrá, algún que otro espabilado que venderá "manzanas de segunda" como si fueran “pata negra". Los venderá, claro que sí, mientras hayan clientes que se las compren; sin preguntarse antes: dónde está la mentira, cuando ni en este país - ni en ningún otro lugar del mundo-, nadie regala duros por pesetas.

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