La tasa de morosidad es el indicador que mide el porcentaje de créditos bancarios impagados,  de dudoso cobro o que nunca se cobrarán. El Banco de España comenzó a elaborar esta estadística hace 50 años -por tanto antes de la llegada de la Democracia- y el dato de septiembre es el peor de toda sus historia al alcanzar casi el 13% (12,68%) de todos los créditos concedidos por las entidades financieras españolas. Desde que Rajoy llegó al Gobierno la tasa de morosidad ha ido de récord negativo en récord negativo.

Casi 200.000 millones de euros casi perdidos
Según los datos oficiales del Banco de España, la cifra total de créditos dudosos concedidos por bancos, cajas, cooperativas y establecimientos financieros de crédito alcanzó el pasado mes de septiembre los 187.830 millones de euros. Solo en el mes de septiembre subieron  6.888 millones de euros respecto a agosto. Son cifras gigantescas, a nada que hagamos el ejercicio de convertir esos miles de millones de euros en pesetas, dará una idea del agujero que ha provocado la burbuja inmobiliaria en el sistema financiero español y, por tanto en toda la economía del país.

Barrera de seguridad en el 8%
Nos hemos acostumbrada hasta tal punto a que la tasa de morosidad suba cada mes que ya no queda ni rastro de los análisis en los que se recordaba que la línea roja para considerar un sistema financiero saneado y solvente era una tasa de morosidad del 8% sobre el total de créditos concedidos. Todo lo que pasara de esa cifra era (es) un desastre. Lo curioso es que los grandes analistas y fondos de inversión internacionales consideran que una tasa de morosidad  tan elevada y preocupante significa que los bancos españoles están aflorando -por fin- todo el agujero que tenían en sus cuentas por el estallido de la burbuja inmobiliaria y que, en su opinión, han ocultado durante estos años.

A pesar del banco malo
La morosidad no ha parado de aumentar en los dos años de Gobierno del PP, porque aunque registró descensos en diciembre de 2.012 y en febrero de 2.013, en realidad fue un 'efecto contable' porque los activos 'tóxicos' o créditos impagados de las entidades nacionalizados o reestructuradas pasaron al Sareb (banco malo). Primero se trasvasaron los de Bankia, NCG Banco y Catalunya Caixa y después los de Ceiss, BMN y Caja3. Al finalizar septiembre todas las entidades financieras españolas tenían créditos concedidos por importe de 1,481 billones de euros.