Las primeras cuentas aprobadas por el consejo de Bankia, remitidas a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) fuera de plazo, el pasado 4 de mayo, otorgaban al grupo un beneficio consolidado atribuible de 309 millones de euros, con los que los directivos tenían previsto incluso repartir un dividendo de algo más de 150 millones de euros, de los que aproximadamente la cuarta parte habrían acabado en Caja Madrid como accionista principal del Banco Financiero y de Ahorros (BFA), matriz de Bankia. Aquellas cifras no fueron firmadas por el auditor (Deloitte) y ahora, veinte días después, han enviado otras en las que los beneficios se convierten en pérdidas, aunque una parte del agujero se disimula con el impuesto de sociedades.


Diferencia real
En las cuentas enviadas ahora a la autoridad bursátil (han sido remitidas a la CNMV el fin de semana) y que pasarán por la Junta General de Accionistas a finales de junio, las pérdidas reales de la actividad del grupo Bankia ascienden a 4.314 millones de euros. En las anteriores, esa misma rúbrica era de 377 millones positivos, que una vez descontados los impuestos sobre beneficios y hechos los ajustes finales se quedaban en los 309 millones que fueron publicitados por el grupo entonces presidido por Rodrigo Rato. Esto quiere decir que entre ambas cuentas hay una diferencia real de 4.691 millones de euros, que es la cifra de pérdidas afloradas, y no en los algo más de 3.000 millones que se han aireado durante los últimos días.


Crédito fiscal
La diferencia está en los impuestos. La cantidad a ingresar en Hacienda en concepto de Impuesto de Sociedades varía de forma radical. En las primeras cuentas (las del 5 de mayo), el documento oficial preveía un pago de 103 millones de euros por este concepto al Tesoro público. En las nuevas, sin embargo, Bankia apunta 1.304 millones de euros como Ingresos por ser una cantidad que le debe Hacienda y que será compensada en declaraciones posteriores. De esta forma, la cifra final de pérdidas atribuibles al grupo que recoge el documento es de 2.975 millones de euros, cuya diferencia con las cuentas anteriores es de 3.352 millones de euros. Pero si la devolución de impuestos no se hubiera apuntado como ingreso (es legal hacerlo), la diferencia final habría sido pues igual a la real derivada de la actividad bancaria del grupo, es decir, de casi 4.700 millones de euros.


El agujero
La siguiente cuestión es preguntarse de dónde ha salido una diferencia tan importante de millones. La explicación está en la anotación o no como pérdidas reales de lo que los auditores pensaban que era un agujero contable en las primeras cuentas. Destacan los 3.900 millones de euros que las nuevas cifras aprobadas computan ya como pérdidas derivadas de créditos morosos y que en las anteriores se quedaban en poco más de mil millones. Sólo en esa línea se han aflorado más de 2.800 millones de euros de pérdidas. Otro concepto en el que hay una importante diferencia es en el de los activos que tienen prevista su venta para este año y para los que la variación de precios a la baja obliga a registrar como pérdidas casi 1.600 millones de euros, en lugar de los 220 millones negativos que figuraban en las cuentas anteriores. De esta forma afloran otros 1.400 millones.


Reconocer la realidad
En definitiva, el problema era de reconocimiento de la realidad. Las cuentas primeras no reflejaban la situación real de los créditos que había que dar por perdidos ni de los activos que Bankia puede vender a corto plazo y lo hará con pérdidas. Una vez aflorado todo esto, el agujero real destapado entre un documento y otro es de casi 4.700 millones de euros, pero una vez apuntado el crédito fiscal por el Impuesto de Sociedades la cifra se maquilla en más de 1.300 millones de euros.