Menos de una semana, ese es el plazo que queda para que Grecia y la Unión Europea desbloqueen la situación del país, tanto económica como políticamente. A pocas horas de que el famosísimo ministro de economía griego, Yanis Varufakis, se reúna con su homólogo alemán, Wolfgang Schäuble, el Banco central Europeo actuó por sorpresa y con nocturnidad. En un gesto inédito pasadas las nueve de la noche, el Banco central Europeo (BCE) emitió un comunicado en el que anunciaba que cerrará el grifo de liquidez a la banca griega si el miércoles el gobierno heleno y la UE no han alcanzado un acuerdo. Esto es un ultimátum.

Respuesta a los golpes de efecto de Syriza
Syriza obtuvo una enorme victoria electoral, a tan solo dos escaños de la mayoría absoluta en un Parlamento muy fragmentado. El arranque del nuevo gobierno fue espectacular y el protagonista el ministro de economía, Varufaquis, que se ha convertido en una estrella mediática mundial. En vivo y en directo, ante las mismísimas narices del presidente del Eurogrupo dijo que Grecia no reconocía a la Troika, el organismo inventado por el BCE, la UE y el FMI, para socorrer a los países quebrados. Pidió su disolución e insistió en que la deuda griega era impagable. Su argumento apara los acreedores fue: mejor que cobren algo a que no cobren nada. Y recurrió a la famosa quita de deuda que se hizo a Alemania en los años 30.

Luego vinieron las rectificaciones
Tras esas sonadas declaraciones la bolsa de Atenas se hundió y los griegos comenzaron a sacar su dinero de los bancos. Syriza comenzó a 'matizar'. Primero el Presidente Tsipras dijo que si pagaría la deuda pero que quería renegociar tiempo e intereses. Un giro de 180 grados: de no pagaremos a sí pagaremos pero pedimos mejores condiciones. Eso calmó las cosas y las bolsas europeas volvieron a la normalidad.
Hubo otra rectificación, primero anularon todas las privatizaciones y luego dijeron que solo las paralizaban. Incluso Varufakis dijo que la compra del puerto del Pireo por un consorcio chino era buena. Y llegó la más importante, el ministro griego declaró a Financial Times que buscaría el superhábit primario aunque eso implicara que Syriza no cumpliera todas sus promesas electorales. En una semana ya anunciaba a los griegos que no cumplirían, pero la ilusión que ha despertado el nuevo gobierno provoca que esas declaraciones al Financial hayan pasado absolutamente desapercibidas en Grecia.

No han bastado
La gira europea de Varufakis y Tsipras con sus rectificaciones no han servido. El arranque del Gobierno exigiendo la disolución de la Troika ha enfurecido. No hay más que conocer las instituciones europeas para saber que para lanzar semejante órdago hay que tener mucha artillería. Grecia no tiene dinero para pagar sus pensiones, su sanidad, su educación y a sus funcionarios. Y ese es su problema. Grecia representa tan solo el 2% del PIB europeo y su salida del euro no hará caer el euro. El BCE habla poco, pero cuando habla sentencia. Y el comunicado de ayer es tajante: Grecia debe negociar, no imponer.