El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido no hacer nada y mantener los tipos de interés en el mínimo histórico del 0,25%. Cualquier movimiento queda para la reunión del próximo mes de marzo, pero la decisión de no hacer nada también es una decisión con consecuencias y, sobre todo, envía un mensaje: el panorama económico y financiero mundial está demasiado confuso, demasiado turbio y cualquier movimiento puede volver a poner a la debilísima economía de la zona euro en la UVI.

Situación "compleja"
El presidente del BCE, Mario Draghi, reconoció en rueda de prensa que la situación es "compleja", porque la recuperación de la eurozona es "modesta", "frágil" y "desequilibrada", por lo que hay que ser muy "cautos". Con este panorama ha dicho que es preferible esperar a tener más información. ¿Cual es esa información? Pues en primer lugar la reacción de la economía norteamericana a la retirada de estímulos (dólares) por parte de la Reserva Federal, como repercutirá eso en los países emergentes, cómo evolucionará la devaluación de las monedas de varios de esos países emergentes y cómo evoluciona la economía china, que ha crecido menos de lo previsto. Sobre la economía europea ya lo sabemos, encefalograma plano.

Riesgo de deflación
La evolución de los precios de la Eurozona preocupa a las autoridades monetarias. Lo reconoció Draghi a finales de 2013 y ya dijo entonces que el BCE activaría los mecanismos que fueran necesarios para evitar la deflación, que hundiría a los países en una espiral de empobrecimiento y paro. El objetivo del BCE es mantener la inflación media en los países de la zona euro por debajo del 2%, ese fue el mandato único para el que se creó por el temor atávico que tienen los alemanes a la inflación alta (la híper inflación previa a la Segunda Guerra Mundial). Esta crisis, la primera del euro y la peor desde la Segunda Guerra Mundial, le ha dado más poderes al BCE, como por ejemplo comprar deuda soberana de países al borde o en la quiebra.
La inflación cerró el 2013 en el 0,7%, demasiado lejos de ese 2%, pero ha arrancado el año con un repunte mínimo y se sitúa en torno al 0,9%. Sigue siendo peligrosamente baja, pero si en vez de subir dos décimas las hubiera bajado, el BCE habría tenido que intervenir. Las décimas, muchas veces, son transcendentales.