No, no quiero olvidar. Mi dignidad me lo impide. Demasiado tiempo nos ha sido impuesto el silencio de nuestras voces; nuestros ojos, vendados; reventados nuestros tímpanos; amordazada la memoria.

Hoy, un año más, muchos hemos recordado con intensa emoción la masacre que ocurrió en esta mi hermosa ciudad, Xátiva, hace setenta y cuatro años. El último reducto fiel al a la República, el régimen político legítimo desde el 14 de abril de 1931, la zona este de España, que se resistió hasta el final al golpe de estado que derivó en la brutal Guerra Civil, recibió constantes 'avisos' por parte de los golpistas.

El domingo 12 de febrero de 1939, ganada prácticamente la guerra por el fascio insurgente, la Aviazione Legionaria italiana (Mussolini apoyó a Franco, lo mismo que la Alemania nazi de Hitler y el Estado Vaticano) bombardeó la estación de ferrocarril de esta ciudad a la llegada del convoy de soldados de la 49 Brigada Mixta. La masacre fue de una brutalidad dantesca, 109 cadáveres cuyos despojos aparecieron por las ramas de los árboles de la explanada de la estación setabense. A pesar de la ayuda sanitaria inmediata, a los pocos días fallecían los heridos que hubo en aquel acto criminal y gratuito. Algunos historiadores cifran en alrededor de 200 las personas sin vida, mujeres y niños entre ellas. Los perdedores de la guerra iniciaban una larga carrera de represalias por parte de Franco, el '' sangriento generalísimo dictador y criminal''.

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