Palabras como las pronunciadas por Cospedal en esos conventos, como el de Valladolid del fin de semana, en los que el PP reúne a sus huestes para infundirles ánimo,  optimismo y, de paso, vapulear a todo lo que se mueve,  suscitan miedo. ¡Qué digo miedo, debiera decir pánico ! Afirmar lo que dice, con la que está cayendo y, por cierto, con su marido sentado en primera fila, es una ironía, sino un sarcasmo, atreverse a lanzar algo que pueda tomarse por sensato. Decir que o el PP o la nada, debe provocar asirse a la nada, hasta  sus propios seguidores, los que le queden, los que permanecen ciegos todavía y los insensatos y frívolos cuya capacidad de encaje de barbaridades parece ser infinita. Son palabra gruesas que nos hacen enfrentarnos con la realidad disparatada en la que vivimos. Pero no sólo es eso, ya que encierra aspectos todavía más preocupantes que debemos ir desvelando, bien para prepararnos, bien para protegernos.

El PP pasa de puntillas por encima de los terribles atentados que comete a diario y de los que acumula desde que comenzó una andadura que ha sumido a este país en la más degradante de las fosas, de la cual veremos cuando y como salimos. El cinismo con el que escenifica cualquier cosa está convirtiendo el mundo de la información en una caricatura. El atrevimiento con el que se desenvuelven los miembros mediáticos del PP insulta a cualquier inteligencia mínimamente razonable. Se refieren a logros, cuando son fracasos, no son capaces de formular un enunciado que mínimamente se ajuste a la realidad que se vive y ensucian términos nobles como transparencia cuando, no tienen ni intención de satisfacerla mínimamente, ni siquiera tienen intención de clarificar sus múltiples casos de abuso, como los relacionados con toda la trama de la Gürtel o los que tienen que ver con su extesorero, sin ir más lejos.

La nada a la que se refería Cospedal, es, precisamente, una España sin las barbaridades del PP. Es decir que, lejos de hacer una descripción mínimamente acertada, Cospedal nos previene en su intervención que hay que librarse con urgencia de un Partido Político que no está ni sirviendo a España, ni a los españoles, por tanto. Lo que conocemos de este PP, que Rajoy se empeño en hacernos creer, en un momento dado, que era un partido renovado, capaz y eficiente, se ha visto derruido y arruinado con demasiada celeridad. No está en condiciones de seguir al frente de un país con el  perfil con el que están dejando.

En la última de las jugadas magistrales de este PP, figura el que   8 españoles de cada 10 rechazan la reforma del aborto. No se puede afirmar, de ninguna de las maneras, que el PP está tomando la iniciativa en representación legítima de los españoles. Pero, algunos veteranos o ciertos cachorros del PP son capaces de afirmar lo contrario y, de forma altiva, atribuirse que lo hacen porque la sociedad española quiere eso, votó eso y encargó al PP que hiciera eso. Solo que, los que pudieron votarle, no exactamente por y para eso, dado que no explicó lo que iba a hacer con el aborto, de igual modo que nada de las otras propuestas las ha satisfecho, hoy le han abandonado, como refleja la encuesta. Esa interpretación de que la votación electoral habilita para cualquier cosa que se le ocurra, en el nombre de los votantes, es una desviación totalitaria amparada en un sistema democrático. No es la primera vez que ocurre, como bien saben muchos, que no han olvidado, todavía. De aquí que no solamente puede provocar temor la intervención de Cospedal, sino pánico, si se advierte el peligro en el nos estamos moviendo.

En este contexto, una vez más, hay que recordar la situación en la que se mueven los medios de comunicación. Lejos de cumplir todos con su cometido, la mayoría de los de titularidad pública, están operando bajo control de la actual administración, ocultando información, no valorando la que se produce y desdibujando la realidad, con intervenciones que o la mitigan o la desvirtúan. Si tenemos en cuenta que los medios de comunicación contribuyen de forma directa a la formación de la voluntad colectiva, debiera ser muy escrupuloso el trato por parte de la administración e impecable su conducta. El PP con unas prácticas abusivas ha laminado cualquier virtualidad de imparcialidad de los medios de comunicación a su alcance. En los públicos por intervención directa y en algunos de los privados mediante presión que, no permiten descartar, el calificativo de abusiva. Si algún día hubiera transparencia en la publicidad, conoceríamos los entresijos. Todo puede llegar. Cuando se destapan tramas sale todo. No hay que descartar que algún día conozcamos lo que hoy son verdades por todos intuidas.

Si se piensa medianamente bien, tenemos urgencias inaplazables. Algunas no admiten demora. La Educación, la Sanidad, los derechos, forman parte de  las catástrofes y caos en que las ha sumido el PP. Cospedal no debiera ocultar estos detalles. Rencores, odios y venganzas, son siempre malos consejeros, pero la estulticia no solo no permite llegar a ninguna parte, sino ni siquiera despegar de donde te encuentras. Debiera tomar nota de que los españoles sabemos lo que está ocurriendo y que reducciones como la que efectuó en Valladolid, no solo no son creíbles, sino que provocan esa hilaridad  que, sólo por la conmiseración por la desgracia ajena, pueden sentir los que siguen siendo buenas personas, pese a la provocación que deriva de esas disparatadas y cínicas intervenciones.

Alberto Requena es Presidente del Partido Socialista de la Región de Murcia