Los puntos suspensivos son para que ustedes lo rellenen. No se corten. ¡Desahóguense!, que es gratis. No pasa nada si les viene cualquier disparate a la mente. Yo, por mi parte, omito el calificativo, por aquello de que como no somos todos iguales, creo que no debo escribir lo que pienso. Si me lo preguntan lo digo, claro. Pero el sentido de la delicadeza me reprime para escribirlo. En todo caso, no va esto por actualizar aquella frase que servía de titulo de una de las películas rodadas para honra y buen nombre del dictador: Franco ese hombre.  Probablemente, si encajaran ese término, estarían asumiendo el riesgo que sería atribuir calificativos a desconocidos, sin pleno conocimiento de sus posibilidades. Limítense, por decir algo, a colocar lo primero que les venga a la mente. Eso sí, si no les viene nada, deberían hacérselo mirar. Sería preocupante, ¡realmente preocupante!

Inicialmente el título de este artículo iba a ser Contraste: Montoro vs Mandela. Las razones las encontrarán si continúan leyendo. Pero, en buena lógica, me lo impidió el sentido común. Sería una comparación hiperbólica, entre un hombre extraordinario, irrepetible, colosal y una insignificancia que no está a la altura de una comparación tal. Sería un disparate del tenor de los que esa insignificancia comete día si y día también. Pero, ciertamente es un ejercicio de comparación inevitable cuando se ponen de actualidad, cada uno por una razón, muy distinta en este caso. Mandela ha traído a la escena, a la mente y al corazón de todas las personas de este mundo, la bondad como cualidad capaz de solventar y superar los problemas de la Humanidad, por grandes, enormes, que estos sean. Un hombre sólo es capaz de hacer convulsionar al mundo. La astucia de la comprensión, la eficacia de la solidaridad, la rentabilidad de la fraternidad, la eficiencia de la libertad. Es imposible que reunamos en una persona el peso de estas cualidades, atributos y perfiles de perfección humana, que hasta ahora estaban reservadas para los dioses. Nos conmueve, sobre todo, que es posible que la bondad triunfe cuando los problemas son de la categoría de los que afrontó Mandela. 27 años de cárcel acaban con cualquier persona bien dotada intelectualmente. Para Mandela, solamente fue la antesala para hacerse cargo de la dirección de su país. Por mucho que queramos asumirlo, es imposible. Fue capaz de tener presencia de ánimo suficiente como para doblegar a todos sus enemigos.  Fue capaz de convencer que proponía un camino que liberaba a su pueblo del maltrato infringido por esos que hoy se compungen en público y lo califican de extraordinario, pero no parpadearon para retenerlo en la cárcel. Hoy todos se lamentan de su sufrimiento y se maravillan de pronunciar su nombre. En otro tiempo, no se conmovieron cuando había que acabar con la injusticia que lo retenía encarcelado. Pero él, dotado de una bondad sin límites, superó cualquier intento de doblegarlo, incluidos los de su propio partido político que no le pusieron las cosas fáciles. Su inteligencia colosal le permitió encaminar sus pasos al retiro, en su momento, acertando en las iniciativas en cada instante y sirviendo de ejemplo a cuantos le han sucedido en ese difícil, tremendo e injusto entorno en el que nació una nación Sud Afríca, que las metrópolis europeas no consideraron durante mucho tiempo que pudiera ponerse en las manos de sus auténticos hijos. Mandela fue capaz de hacer comprender lo que el fiel de la balanza debiera haber marcado siempre. Su vida es ejemplar, por ello. La espiritualidad de su pueblo, considera que la muerte lo sitúa en un plano por encima y que sigue cobijando a sus hermanos, de aquí que sea una fiesta, trufada de lamento, por perderlo de vista, aunque siga con ellos.

En este entorno, cuando Mandela era el único protagonista, se da la circunstancia de que en nuestro país aparece un monstruo que no entiende nada de las virtudes que adornaron a Mandela. La brutalidad de Montoro en sus intervenciones, desde esa voz atiplada, en casos gangosa, que resulta todavía más estridente, contrasta con la humanidad que acabamos de describir. Desde una atalaya tan prosaica como lo es la Agencia Tributaria, nos sorprende con declaraciones que desvelan la auténtica vocación de su partido político. En repetidas ocasiones y desde la Tribuna del Congreso de los Diputados, se ha encarado con sus señorías, de la oposición claro, cuando le han afeado alguna de las medidas que ha adoptado, como la amnistía fiscal o cualquier aspecto de la hacienda y ha amenazado con enviar una inspección al diputado que le contravenía, al grupo al que pertenecía o a dios sabe quién, como si se tratara de un caballero feudal que  gobierna sobre vidas y haciendas personales. La veta ya se le veía. Más de una vez ha acontecido tal escena. Es un disparate tal situación, pero él lo ha completado con el mayor de los descaros y sin pestañear. Iba desvelando, poco a poco, las cualidades más execrables que pueden darse en un político de vía estrecha. Muchas ocasiones se han tenido para afear al PP la conducta patrimonialista que practica, apoderándose de todo el Estado para sus fines partidarios. Los procesos en los que están incursos tanto el PP como sus miembros más destacados, ponen a las claras que presuntamente se han apoderado de todo, por las buenas o por las malas. Televisión española ha resultado destruida al acapararla, las medidas políticas van en contra de los intereses de los ciudadanos, no les preocupa el daño personal que infringen. Pero lo peor de todo, lo que es absolutamente reprobable es la persecución, la razia política. Montoro, que es incontinente, lo ha exteriorizado. Los socialistas, como genuinos representantes de la oposición, deben desaparecer de la escena, según el ínclito Ministro. No importa que sean sus puestos de trabajo, no importa que se trate de personas, muy por encima de su ideología, convicciones y peculiaridades políticas, hay que acabar con ellos porque son socialistas. Claro, que nos trae a la cabeza otros momentos históricos indeseables. El Gobierno de España actual no es el de todos los españoles. Hay unos españoles que sobran. El nazismo fue eso, exactamente eso es lo que hizo. Ahora es el fascismo de nuevo cuño el que lo anuncia en este país. El de la voz atiplada, el ruiseñor de las desdichas, desvela que su lucha es política. Acabar con algunos es su objetivo. Sus compañeros de cruzada, lo disimulan, hasta la extenuación. Claro que no engañan, a nadie, a estas alturas. ¿Qué hace Rajoy alabando a Mandela? Si no cree en nada de lo que representa, ¿ cómo se atreve a querer pasar porque lo siente? ¿En vida hizo algo él o sus correligionarios por Mandela o el movimiento que representaba? Cinismo, puro cinismo. Pura pose. Como pura pose es la de la vicepresidenta del Gobierno cuando pone paños calientes para justificar el disparate de la expulsión de la Agencia Tributaria de un montón de técnicos, que el propio Montoro dice que es porque son socialistas.

Créanme ciudadanos, tenemos un repunte de fascismo en nuestro país. Incluso los de voz atiplada están en ello. Cantan demasiado claro. No solo es que estamos mal económicamente. Esto es más grave. Esto va de espacios vitales para desarrollarse. Nos quitan el suelo, pero es que disparan contra el muñeco. De momento son palabras, pero esto se agrava por momentos. Piensen, que esto hay que solucionarlo. Pero, devolveremos comprensión, las razias no pueden ir con las personas, los rencores no conducen a ninguna parte. ¡A ver si aprenden algo de Mandela!.

Alberto Requena es Presidente del Partido Socialista de la Región de Murcia