Desde un punto de vista antropomórfico, la democracia es sabia. Encierra las esencias de la convivencia. Se nutre de opiniones diversas. Crece con la práctica. Acumula experiencias. Aprende de errores y aciertos. Impulsa en la dirección de la libertad y acaricia a la solidaridad, asentándose en la igualdad. Este análisis descriptivo ha sido escrupuloso con la conducta democrática y ha señalado las aspiraciones que se pueden formular cuando la fraternidad anima las vidas de los seres humanos. No siempre ha sido así, pero hoy, en nuestro país, los ciudadanos pasamos por la democracia, pero ella, simplemente, lo es. Lo ideal es que ella pasara por nosotros.
Es cierto que se pueden traicionar cualquiera de los elementos de la democracia con mucha facilidad y que se hace, incluso, en nombre de ella misma, cuando se matizan algunos de sus vigores dejando de lado otros, parcial o totalmente o, simplemente, haciendo participar, el egoísmo humano. Cuando se hace prevalecer el deseo de recibir y se dispone en el frontispicio de nuestra naturaleza, cualquiera de las componentes de la democracia, se ve pulverizada y, en cascada, se desintegra. Es muy fácil entrenarse en estas artes. Los humanos venimos haciéndolo desde tiempo inmemorial. Es muy probable que la intimidad humana esté construida, deliberadamente, desde el supuesto que el deseo de recibir articula nuestra existencia de forma intrínseca y que, solamente, con el entrenamiento, llegamos a compartir el deseo de recibir con el deseo de otorgar, para balancear nuestra existencia. Solamente desde las satisfacciones que puedan proporcionar ambas acciones, es posible llegar a comprender nuestra conducta. Pero, ciertamente la democracia viene a ser ese escenario en el que se representa la existencia humana.

La vida en sociedad, está articulada bajo la perspectiva de que los partidos políticos son las organizaciones encargadas de articular la vida política y el gobierno de esa sociedad, para garantizar el progreso y bienestar de sus miembros. Tienen que articular a la sociedad desde sus iniciativas que han de reflejar los intereses de los ciudadanos y ciudadanas que la constituyen, en el ámbito territorial en que se desenvuelve. Si esto es así, cabe precisar que es una exigencia básica el que los partidos políticos se ocupen de garantizar que están en posesión de la información fidedigna sobre los intereses generales. Ocuparse de activar los mecanismos para garantizarlo tiene y debe ser una de sus principales ocupaciones. Por supuesto que, una vez asegurado todo esto, el paso siguiente es garantizar una conducta impecable que permita disponer las iniciativas necesarias, digna y pulcramente, para lograr alcanzar los objetivos. Pero la democracia es perfectible y es obligación de los partidos hacerla crecer y extender y garantizar su crecimiento.

Esto no lo entienden por igual todos los partidos políticos. Los hay que, con un corte en el fondo estalinista, aunque desfasado, reducen la óptica hasta encorsetar unas rigideces que sobrepasan lo razonable, aunque estén persuadidos sus miembros de que son los fieles guardianes de las esencias pero, en el fondo, son organizaciones que no tienen auténticas aspiraciones de gobierno, sino de presencia en el escenario político. Cuando participan de invitados en gobiernos coyunturales, complican tanto la gobernanza con sus exigencias, que hacen impracticable la convivencia. Otros, simplemente, pasan de cualquier indicador que tenga a la democracia como razón de existencia. En el fondo, sus miembros nunca han creído en ella, salvo lo justo para volverse dominantes, de nuevo, y controlar a una sociedad, lo que siempre ha sido su objetivo. No cabe pedirles que recapaciten, porque es algo así como desenvolverse en los gallineros con las restricciones que ello conlleva. Hay que tomarlo como afecciones gripales, que tienen que ser pasajeras. Hay otras organizaciones políticas que no ocultan sus auténticas intenciones y se mueven permanentemente en la exigencia de compensaciones a los maltratos imaginarios que dicen sufrir y reclaman constantes mejoras que suelen quebrantar los más elementales principios de la solidaridad.

Pero hay una organización, el Partido Socialista que, tradicionalmente, con sus altibajos, claro está, ha estado cerca del perfil de una sociedad a la que ha impulsado hacia el progreso, de forma indudable y que ahora está en esa fase de adaptar la organización, para de nuevo poder servir a una sociedad que clama por encontrar salida a unos problemas agudos que sufre y que ya no sabe muy bien, en qué grado el sufrimiento es debido a las circunstancias o a la falta de una acertada gobernanza, desengañada por un gobierno del PP que prometió y dejó a un lado sus promesas, para infringir un castigo, del que esta sociedad tardará mucho en volver a una normalidad que anhela. La Conferencia Política del Partido Socialista es el culmen de una reflexión, amplia, profunda, numerosa, que ha dado la oportunidad a todo el que lo ha deseado, de aportar lo que le haya parecido conveniente. La reflexión es la semilla del razonamiento. Vive de la parsimonia de los destilados que retienen las esencias que se contrastan, debaten, confrontan, para ir depurando sus formulaciones y llegar a ofrecer alternativas ponderadas y con visos de convertirse en soluciones a problemas.
Siempre se ha situado el Partido Socialista en vanguardia. Ahora también. La Federación de Murcia, ha adoptado una medida de impulso a la democracia situando los aspectos participativos en la óptica de la opinión de sus miembros. Su Secretario General y su Comisión Ejecutiva regional adoptó la medida de consultar a todos sus miembros su opinión sobre la pertinencia o no de que las primarias fueran abiertas o cerradas, que su propio Secretario General fuera elegido directamente por todos los miembros o lo fuera, como hasta ahora, a través de los delegados en un Congreso, de que la Constitución sea objeto de modificación o que permanezcamos con la misma por los siglos. Incluso más, al abrir la opción a que los afiliados propongan cuestiones que entiendan que pueden ser objeto de consulta. Todo un ejercicio de democracia. El Secretario General hace suyo el resultado y defenderá las posiciones mayoritarias recabadas en la consulta, como posición de esta Federación en la Conferencia Política y ante los órganos Federales del Partido Socialista en los que se dirimirán próximamente estas cuestiones transcendentes para la vida política española.

Bien pensado, tras haber logrado que “un hombre un voto” y muy posteriormente que “una mujer, también un voto”, aunque entre ambos pasó demasiado tiempo, si bien en las elecciones se opera de acuerdo con ello, pero no en toda su extensión. Hoy, hay procedimientos para conocer la opinión de todos los miembros de una organización o una sociedad. Solo se trata de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. En Murcia, se acaba de evidenciar que se pueden dar pasos en la dirección de enriquecer la Democracia. No esperen que el PP se de por aludido. Si quieren disfrutar de una mayor, mejor y más audaz democracia, ya saben. Poderse, se puede, a las pruebas me remito. Los ciudadanos desencantados tienen la opción de la reflexión.

Alberto Requena es Presidente del Partido Socialista de la Región de Murcia