A raíz de la entrevista televisiva realizada por Jesús Hermida al rey Juan Carlos con motivo de su 75 aniversario, el hasta ahora respetado y admirado, periodista coronó con un broche, y no precisamente de oro, su larga y exitosa carrera profesional. A los hechos me remito y videos hay que lo demuestran: Hermida se dedicó a jalear al rey dándole como ganador de una partida de ajedrez en la que tanto su familia, como sus cacerías, su baja aceptación popular y su delicada salud, lo mantienen en un continuo jaque.

Una elección desacertada
Si bien por currículum y por experiencia, Hermida era el candidato ideal para la entrevista (que él mismo solicitó), su estilo engolado, sobreactuado y esperpéntico demostraron que no era capaz de actuar con el respeto que por protocolo merecía el entrevistado  sin  incurrir en una empalagosa servidumbre.

Es de sobra conocida la proclividad del señor Hermida al derroche de gestos afectados y vacua palabrería tanto si el entrevistado es un astronauta, un premio Nobel o una tonadillera. Fue por ello que su elección como entrevistador en esta ocasión no haya sido acertada habida cuenta de la rancia pleitesía que en todo momento prodigó y que contrastaba con la mala educación (para muchos ‘campechanía’) del rey al tutearle mientras el veterano presentador se deshacía en reverenciosos cabezazos de asentimiento y sumisión.

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