El ‘mantra’ con el que la derecha europea invoca a la ortodoxia económica para salir de la crisis repite dos conceptos con insistencia, tanto en Madrid como en Berlín: la austeridad en las cuentas públicas y las reformas estructurales para ganar competitividad. La respuesta de los gobiernos conservadores europeos a la pregunta sobre cómo superar la crisis evoluciona siempre en torno a estas dos ideas, con unos u otros matices. Se trata de una contestación tan insuficiente como tramposa, pero de gran eficacia comunicativa, por su simplicidad y por su aparente sentido común.

La izquierda ofrece respuestas más complejas, y a la vez más confusas para la opinión pública. Se habla de políticas de crecimiento, de la cohesión social imprescindible, de la fiscalidad progresiva, del impulso a la unión económica europea, de un nuevo modelo de desarrollo basado en la innovación, el conocimiento y la sostenibilidad… Sin embargo, sin renunciar al pensamiento complejo, la izquierda debe formular su alternativa con más eficacia comunicacional. Solo saldremos de la crisis con iniciativa pública, con mercados regulados y con sociedades justas, lo que implica garantía de derechos sociales y una fiscalidad coherente.

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