Llevo una semana en Estocolmo, donde estoy trabajando en un estudio sobre restricciones financieras y mercado de trabajo que he comenzado Andrea Caggese y Daniel Metzger. El estudio utiliza varias bases de datos, pero la fuente principal de información son los datos sobre cotizaciones sociales en Suecia. En la entrada de hoy querría hacer una pequeña reflexión sobre sobre las ventajas que tendría mejorar calidad de los datos individuales de empleo que están disponibles para los investigadores en España. En particular, aquellos que permiten trabajar con la población completa de trabajadores. La entrada tiene mucha relación con esta entrada reciente que escribimos hace unos meses Miguel Almunia y yo sobre datos fiscales.

 

Los datos oficiales suecos, (y en general los datos nórdicos) sobre mercado de trabajo son particularmente buenos. La bondad de los datos no viene tanto por el hecho de que el estado recopile muchos más datos que en otros países, sino por el esfuerzo en cruzar diversas bases de datos y ponerlas a disposición de los investigadores. En el estudio que estamos realizando podemos utilizar datos cruzados de la seguridad social, censo de individuos, censo de establecimientos, notas de selectividad, tests psicotécnicos del servicio militar y las cuentas anuales depositadas por las empresas. Esto nos permite entre otras cosas seguir el historial laboral de un trabajador cuando es despedido, o abandona voluntariamente una empresa y relacionarlo con sus características personales, las condiciones financieras en las que operan las empresas en las que trabaja y las empresas de su entorno. Sobre los resultados del trabajo podemos hablar otro día. Hoy querría hablar sobre las ventajas que le reporta a un país como Suecia poner a disposición de los investigadores unos datos tan buenos y sobre cómo se organiza este acceso.

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