Como “un gancho de izquierdas”, se conoció en el 8º Ejército inglés, una maniobra envolvente realizada una serie de veces, por la 2ª División neozelandesa, comandada por el general Bernard Freyberg. Consistía en desviarse a la izquierda del frente de batalla internándose en el desierto, para girar luego al norte, saliendo a las espaldas del África Korps de Rommel.

Hay que ver con que pocas y cortas palabras, “No y No”, se puede propinar hoy en política un “gancho de izquierdas”. Y resumir un proyecto político, y el ser más íntimo y duro de un viejo partido. Me temo que algunos han tardado bastante, incluidos militantes del PSOE, en descubrir la capacidad de liderazgo de Pedro Sánchez. Se ha repetido con cierta frecuencia, que el genio no se manifiesta hasta que se presenta la oportunidad. Puede ser cierto, pero algunos, modestamente, ya lo habíamos intuido y expresado en público.

Relata Alan Moorehead en su biografía de Montgomery, como el Mariscal, nada más hacerse cargo de la jefatura del 8º Ejército, dictó su primer parte en el que decía: “Nada de retroceder. No habrá retirada. Resistencia”. Y luego se fue a dormir. A lo largo de la noche, mientras el comandante en jefe dormía tranquilamente sus horas habituales, se transmitía el parte a todo el ejército. No habría retroceso. No habría retirada. Deberían permanecer en sus posiciones vivos o muertos. Por la mañana, millares de soldados comenzaron a observarse unos a otros, a mirar el desierto y al enemigo, como si durante la noche hubiese ocurrido alguna extraña transfiguración. Y es que, aunque parezca extraño, el efecto de la nueva orden fue una sensación de alivio. Pues en último término, quizá lo más angustioso es lo desconocido. En la guerra, en cualquier situación de crisis, incluida la política, un hecho concreto y positivo, por duro que sea, trae consigo una especie de brisa reconfortante. Al menos, es algo firme e indestructible a lo que uno se puede agarrar, en medio de un mundo caótico y cambiante, en donde todo se mueve sin timón, y todo es anarquía, e ingobernable albur. Así, pues, esa ola de alivio empezó, en aquello días, a extenderse a todo el Ejército. Por fin, después de tantas órdenes contradictorias, aparecía algo completamente claro y contundente. Todo el mundo, cada general y cada jefe, cada oficial y cada soldado, sabía ya a que atenerse. Algo así, me parece, ha ocurrido en nuestro mundo político, la semana pasada, cuando los debates de investidura.

Y ahora hemos entrado en una segunda y distinta fase, en la que ya no habrá que demostrar nuestra firmeza y nuestra coherencia, sino dar una lección de cintura política. Se abre nuevamente el debate entre fuerzas políticas, y en el interior del PSOE, si es que en éste se ha interrumpido algún día. El Secretario General acaba de anunciar, que tan pronto se haya reunido con las demás fuerzas políticas ¡con todas! y conozca sus posiciones, convocará de nuevo al Comité Federal, para debatir y fijar postura. Y por cierto, en mis 42 años de militancia, no recuerdo que se haya convocado con tanta frecuencia dicho Comité Federal, me parece que llevamos algo así como siete en siete meses.

Y me mojo de nuevo por adelantado. Esta sería mi propuesta: un acuerdo PSOE-Podemos-C’s, con abstención de los partidos nacionalistas. No es fácil, nada fácil, lo sé. Pero si al final no se consigue, porque los dos emergentes se sigan excluyendo mutuamente, o porque Iglesias siga prefiriendo insultar a proponer alternativas, buscando sin cesar el soñado “sorpasso”, como ha demostrado en sus dos intervenciones en los debates de investidura, pues nada, tranquilamente y con decisión a nuevas elecciones.

Sé que estar con un Gobierno en funciones unos meses más, no es la situación más deseable. Pero si me parece, es mucho mejor que cuatro años más de gobierno del PP. Y que no nos intoxiquen los voceros de la derecha más rancia y casposa, con esas llamadas a la responsabilidad, al bien de España ¿de que España? y a los intereses de los ciudadanos ¿de que sector de los ciudadanos? Falacias, lugares comunes y significantes vacíos. Como comentaba hace unos días con mi buen amigo Jordi Bayona: los Presupuestos Generales del Estado se pueden prorrogar, no sería la primera vez; las cuestiones pendientes con la U.E. se pueden aplazar, muchas veces los europeos han estado “esperando” a algún socio ¿no lo harían ahora después del “Brexit”?; temas como la actualización de la paga a los pensionistas (yo lo soy) o el salario de los funcionarios, se pueden arreglar con un decreto ley, o con una simple modificación de una ley, como parece se va a hacer, para impedir que tengamos que votar el día de Navidad. No, nos dejemos amedrentar por una presión mediática brutal, sí, pero que sólo persigue resguardar, los intereses de las grandes empresas y del capital financiero.

Hablemos y negociemos con todas las demás fuerzas políticas, excluidas, por diferentes razones, el PP y Bildu. Y demostremos nuestra cintura política, y nuestra capacidad para llegar a acuerdos, así como nuestra responsabilidad. Y si los demás no dan muestras de las mismas, mala tarde, con toda decisión y energía a nuevas elecciones. Que los ciudadanos se pronuncien una vez más. Sí, soy consciente de que la situación ya se ha hecho muy cansina, pero no nos queda otra, la ciudadanía es nuestro juez último, en democracia no tenemos otro. Se trata de un nuevo sacrificio por nuestro sistema de convivencia, de una hora de nuestro tiempo el 18 de Diciembre. Y que con su voto pongan a cada uno de los partidos y a sus líderes, en el lugar que les corresponde, por ese bucle, aparentemente a día de hoy, sin salida.

Pues eso: ¡que cada palo aguante su vela!