Mariano Rajoy con Barack Obama en el despacho oval.




"La independencia de Cataluña no se va a producir"
, así respondió Mariano Rajoy al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el 13 de enero de 2014 en su primera -y hasta la fecha única- visita a la Casa Blanca. Ya hace nueve meses el mandatario de la primera potencia mundial preguntó al presidente español por dos cuestiones: la independencia de Cataluña y el elevado paro. Rajoy y el PP han pasado un año afirmando que la independencia de Cataluña nunca se producirá porque "es imposible", de la misma manera que Rajoy sostuvo que nunca se celebraría el referéndum independentista. Lo realmente llamativo es que el Gobierno y el PP se han afanado en discutir, cuando no a amenazar, sobre las consecuencias que tendría algo que según ellos nunca va a pasar porque es imposible e ilegal. Una campaña electoral digna de estudio para expertos en comunicación política.

Primera derrota: aceptar que se vota la independencia
El 17 de julio de 2015, Mariano Rajoy afirma que "en las próximas elecciones (catalanas) se elige un presidente autonómico y no se decide otra cosa", porque efectivamente los comicios convocados para el próximo domingo es el adelanto de las autonómicas. El argumento de Rajoy fue repetido una y otra vez por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, el problema es que ni el Gobierno ni el PP han seguido la estrategia acorde a una campaña autonómica: no se ha hablado ni del paro, ni de los recortes, ni de la sanidad, ni de la educación ni de la gestión autonómica. De esta forma, durante los 15 días de campaña electoral oficial, Rajoy y el PP le han regalado la primera victoria a Artur Mas, han entrado al trapo y de lo único que se habla es de si habrá independencia o no. Por tanto Artur Mas ha logrado que hasta el Gobierno le reconozca que estas son unas elecciones sobre la independencia. Error estratégico a incluir en los manuales de comunicación política.

Argumentos PP: las consecuencias de algo que es imposible
A Mariano Rajoy se le preguntó constantemente desde 2014 cuál era su estrategia para frenar políticamente la deriva independentista catalana. Ningún periodista logró que la contara con lo que se puede pensar que simplemente no la tenía porque nunca pensó que Artur Mas fuera a llegar tan lejos. Si bien eso es interpretación, lo que es un hecho es que el 23 de septiembre de 2015, preguntado por si tenía un plan respondió: "Lo único que le puedo asegurar es que la independencia de Cataluña no se va a producir en ningún caso, eso es un disparate". Pues resulta que en la recta final de la campaña el Gobierno ha sacado hasta el Gobernador del Banco de España a hablar de las consecuencias de algo que "en ningún caso se va a producir" y que es un "disparate".

El gobernador Luis María Linde afirmó, aunque luego matizó, que en una Cataluña independiente habría corralito, el secretario de Estado de la Seguridad Social que las pensiones quebrarían y, por supuesto que Cataluña saldría de la Unión Europea y del euro. Esto último es rigurosamente cierto según los tratados europeos, pero se ha esgrimido demasiado tarde y se ha argumentado tan mal que Artur Mas lo niega y  ha conseguido que se ponga en duda  el argumento de que saldrán de la UE si son independientes.

Si es falso que la independencia sea imposible ¿no será falso todo lo demás?
El enorme error de estrategia del PP y del Gobierno, captado por los ciudadanos que no son tontos, es mantener como único mantra que la independencia catalana era imposible para, meses después, pasar a discutir sobre sus términos jurídicos y sus consecuencias. La conclusión es obvia, si Rajoy dice ahora que una Cataluña independiente estará fuera del euro y de Europa mintió cuando dijo que era imposible la independencia, ergo también miente con las consecuencias. Resultado una campaña anti independencia y no autonómica basada en el miedo, sin credibilidad y que tendrá como colofón un auténtico espectáculo: un debate televisivo entre el Ministro de Asuntos Exteriores, García Margallo, y el líder de Esquerra Republicana de Cataluña, Oriol Junqueras. De aurora boreal, como diría Rajoy.