El nacionalismo catalán intenta evitar una presentación directa y transparente de su proyecto rupturista porque teme la reacción prudente de la ciudadanía. Para camuflar su apuesta nítida por la secesión, ha tenido la habilidad de situar una especie de debate-pantalla en la opinión pública: el llamado “derecho a decidir”. Tras esta expresión no hay más que una estrategia a favor de la independencia de Cataluña, pero Mas y sus aliados han logrado introducir alguna confusión en la discusión pública. De hecho, hay quienes se manifiestan en contra de la independencia pero respaldan el “derecho a decidir”, cuando en realidad son la misma cosa.

Resulta evidente que asumir el derecho a decidir la independencia y proclamar la independencia misma son dos caras de una sola moneda. No obstante, es preciso no rehuir ningún debate. Los independentistas presentan tal derecho como incuestionable en democracia. Quien se opone al derecho a decidir de los catalanes sobre la independencia de Cataluña está vulnerando el principio democrático, se llega a decir, como si establecer límites o condiciones al ejercicio del derecho de decisión fuera algo tan intolerable como extravagante.

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