La pasada semana, las mujeres de la CUP, junto a otros grupos de la izquierda independentista, se reunieron en un acto público en Barcelona para “denunciar colectivamente la oleada de insultos, descalificaciones y desprecio machista” que llevan meses recibiendo, sobre todo a raíz del papel decisivo que los cuperos han tenido en la formación de Gobierno en Cataluña.

En dicho acto, donde se denunció que “la divergencia se centra en nuestro físico y en nuestra manera de vestir, y ni mucho menos en nuestro discurso y en nuestra actuación política”, una de las intervenciones más sonadas fue la de Anna Gabriel, portavoz de la formación, quien se presentó así: “Soy puta, traidora, amargada y mal follada y lo único que he venido a hacer es defender unos Països Catalans libres, socialistas y feministas y a recordar la impunidad de la extrema derecha”.



Esa fórmula de repetir los insultos recibidos como carta de presentación fue utilizada por otras, como Gabriela Serra: “Soy vieja, fea y gorda y quiero que se me juzgue por haber llegado a los 64 años luchando incansablemente por el mantenimiento de la vida, la dignidad de las personas y de los pueblos y la libertad y la solidaridad con el conjunto de la humanidad”.

Pese a todo esto, hay algunos que no se han enterado, o no han querido enterarse, del mensaje irónico que subyacía en dichas declaraciones. Es el caso del opinador jefe de Intereconomía, Eduardo García Serrano, quien en el último informativo de la cadena se despachó a gusto con Anna Gabriel, señalando que dichos adjetivos “le quedan como anillo al dedo”.



“De Anna Gabriel lo sabemos todo, porque ella misma nos lo ha contado, que es una puta traidora, amargada y mal follada, tal cual se ve a sí misma”, asegura García Serrano, quien cree que la prueba está en “su forma de taparse, [porque] ella no se viste, se limita a taparse con harapos propagandísticos el cuerpo con el que la naturaleza le ha castigado”.

García Serrano puede ser muchas cosas, pero ninguna de ellas pasa por ser un ignorante. Sin embargo, esa postura de hacerse el tonto y eludir que los adjetivos de Anna Gabriel no era una “autodefinición”, sino una caricatura de los argumentos usados por él y otros periodistas como Antonio Burgos, que sólo tiene argumentos estéticos y machistas para criticar a las mujeres de izquierdas.

Sin embargo, dicha postura permite a García Serrano volver a llamar “puta” a una mujer dedicada a la política, como ya hizo con Marina Geli, exconsejera de la Generalitat, a la que tildó de "zorra y guarra". Sin embargo, el hacerse el tonto con Anna Gabriel podría impedir que vuelva a ser condenado por injurias, como le pasó con Geli y le costó 21.000 euros de multa.