[cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]UNO[/cita] ¿Y para eso hacían falta TRES moderadores? ¿Para ver lo que vimos? No es que los moderadores lo hicieran mal, es que no podían hacerlo bien: demasiados jugadores para jugar en una cancha tan reducida un partido con tantísimas reglas. El juego no fluía. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]DOS[/cita] Anoche no ganó nadie porque para que hubiera un ganador antes tendría que haber habido un debate, de manera que los perdedores fueron los espectadores que tuvieron la paciencia de verlo. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]TRES[/cita] Se echó de menos un debate real con un moderador real con voluntad real de hacer preguntas reales a los contendientes: no es que anoche no se hicieran esas preguntas en algún momento, es que cuando se hicieron tales preguntas los líderes no las contestaban si les venía bien no contestarlas. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]CUATRO[/cita] El ‘debate’ a cuatro acabó en empate a cero, lo cual es buena/muy buena noticia para Mariano Rajoy y para Pablo Iglesias y mala/muy mala para Pedro Sánchez. Para Albert Rivera, ni buena ni mala, aunque el líder de Ciudadanos salvó la noche con su contundente actuación en materia de corrupción, que dejó momentáneamente noqueado al aspirante. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]CINCO[/cita] Cuando los líderes comparecieron ante los medios al término del debate, sus caras parecían decir esto: Rajoy, todavía con el miedo en el cuerpo pero tranquilo; Iglesias, insatisfecho con su juego pero contento con el resultado; Rivera, descontento con el resultado pero satisfecho con su juego; y Sánchez, descontento con ambas cosas, tanto con el resultado global y como con el propio juego. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]SEIS[/cita] Si hubiera sido un combate de boxeo, los jueces habrían tenido dificultades para consensuar el orden de puntuación. No obstante, un podio verosímil sería por ejemplo este: oro para Rivera, plata para Iglesias, bronce para Rajoy y latón para Sánchez. El puesto menos dudoso habría sido el de Sánchez: su cara y sus gestos al término del debate así lo proclamaban. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]SIETE[/cita] Anoche, Pablo no hacía de Pablo sino de san Pablo. Iglesias estuvo convincente en su nuevo papel de ‘chico-que-no-ha-roto-un-plato-socialista-en-toda-su-vida’. Tan convincente que los golpes lanzados por Sánchez nunca llegaron a impactar en el rostro del santo: el candidato socialista se pasó casi toda la noche dando puñetazos al aire mientras su adversario, paciente como Job, le recriminaba una y otra vez con dulcísimas maneras: ‘Pedro, Pedro, te equivocas de enemigo, pero te perdono de corazón, hermano’. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]OCHO[/cita] Para Sánchez era el debate más difícil y comprometido. Su urgencia era arrebatarle la posición a Pablo Iglesias, pero no lo consiguió. Ciertamente, lo intentó muchas veces, aunque siempre por la misma banda y con la misma jugada: acusando una y otra vez a Iglesias de haberse alineado con Rajoy para no permitir un Gobierno de cambio. Sobre la pizarra no era mala jugada, pero su ejecución sobre la cancha resultó deslavazada, poco convincente, como si el propio jugador no confiara demasiado en que con ella sorprendería a su adversario. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]NUEVE[/cita] Para Rajoy fue una velada desagradable en lo personal porque cuando le sacaban la corrupción de su partido y el dinero en sobres que él mismo ha cobrado, el pobre no sabía qué decir. Y con razón no lo sabía: cuando te pillan con el carrito del helado, enmudeces. Pero no fue una mala velada en lo político para el presidente: abandonó la lona con algún que otro rasguño y cierto malestar en el hígado por algunos golpes bajos, pero nada grave. [cita alineacion="izquierda" ancho="50%"]DIEZ[/cita] Si alguien arañó nuevos votos anoche fue Rivera, que fue más Rivera que nunca y administró con astuto criterio sus prioridades: golpes antirreglamentarios a Iglesias, puñetazos en plena cara a Rajoy y suaves empujoncitos a Sánchez.