Vox tendrá que esperar a la negociación de la Ley de Presupuestos de 2019 para sacar tajada. El partido ultra logra acaparar los titulares, pero sus iniciativas se estrellan contra lo que su líder en Andalucía, Francisco Serrano, denomina “esa corrección política con la que no comulgan millones de españoles”

Serán más derechas y más políticamente incorrectos que nadie, pero hasta ahora no han demostrado ser muy hábiles haciendo valer sus 12 diputados, sin los cuales no habría habido cambio político en Andalucía. Ciudadanos actúa como si olieran mal y el PP se comporta como si no le debieran la Presidencia de la Junta de Andalucía.

Un rotundo no

Su último y más sonoro fracaso tenía lugar ayer, víspera del Día de Andalucía, cuando todos los partidos de la Mesa del Parlamento salvo Vox despachaban con un rotundo no la pretensión ultra de conocer la identidad y filiación profesional de todos los trabajadores de la Junta destinados en las unidades contra la violencia de género.

La petición de Vox no es que fuera rechazada, es que ni siquiera fue tramitada por conculcar preceptos fundamentales de la Ley de Protección de Datos. Para tener un exjuez al frente del grupo parlamentario, que además era el autor de la iniciativa, no ha salido Vox muy bien parado de este lance, y no ya en términos solvencia política, sino simplemente en términos de pericia parlamentaria.

La próxima vez prometen hacerlo mejor: poco después de conocer la negativa de la Mesa a su propuesta, anunciaban que la presentarán de nuevo, pero más afinada técnicamente, sin exigir la identidad de los trabajadores.

Todos son lo mismo

El diputado, antiguo juez y abogado en ejercicio Francisco Serrano mostraba así en Twitter su enfado ante lo sucedido en el Parlamento: “En políticas de inmigración ilegal y género hoy, en comisión igualdad, ha quedado claro: PSOE, PP, C’S y PODEMOS son lo mismo. Todos bajo el lema ni un paso atrás. Desde VOX también ni un paso atrás en la lucha contra esa corrección política con la que no comulgan millones de españoles”.

La obsesión de Vox con las listas, ya sean negras o de negros, se estrelló semanas atrás cuando reclamó que el Gobierno andaluz remitiera a la Policía Nacional los nombres de los 52.000 inmigrantes -en su mayoría subsaharianos- que tendrían tarjeta sanitaria pese a haber entrado de manera irregular a Andalucía.

Vox incluyó esa propuesta -copiada a su vez del sindicato policial UFP- en el documento enviado al PP para negociar su voto a la investidura de Juanma Moreno, pero finalmente excluido del texto de 37 puntos firmado por ambos partidos. Aun así, ha seguido insistiendo, pero sin éxito alguno.

La hora de la verdad

En ese contexto de fracasos del partido ultra, se entiende que el Gobierno andaluz no tenga prisa alguna en negociar en serio los Presupuestos de 2019 hasta después de la doble cita electoral del 28 de abril y 26 de mayo.

Su aprobación requerirá los votos de Vox y esa será la gran oportunidad de los de Santiago Abascal para desquitarse de las humillaciones sufridas. Ellos mismos han optado, hasta ahora, por no tensar demasiado la cuerda con el Gobierno de Moreno, conscientes de que su electorado no les perdonaría que pusieran en peligro el cambio histórico materializado en Andalucía gracias a los 400.000 votos obtenidos el 2 de diciembre.

Una vez pasadas las elecciones, en las que Vox tiene puestas grandes esperanzas, será el momento de cobrarse su ‘libra de carne’. Para entonces habrá quedado atrás el tiempo de hacer ruido y deberá comenzar, por fin, el de la recolección de nueces.