Mara está nerviosa. Hoy depositará su voto en la urna convencida sin fisuras de que la independencia de Cataluña es la solución a todos los problemas. “El riesgo es quedarse en España, no crear un Estado propio”, dice de carrerillas la hija de un matrimonio harto de “servir” en el cortijo de un señorito andaluz que “no pagaba ni lo necesario para comer” y llegó a Badalona (Barcelona) en 1954. En estas circunstancias, la única posibilidad era huir de la pobreza montándose en ‘El Borreguero’ con destino a Barcelona, así se llamaba el tren que tardaba dos días en llegar y del que había que bajarse en la penúltima parada porque en la última estaba la Guardia Civil esperando para detener a los emigrantes, trasladarlos al Castillo de Montjuic y devolverlos en el siguiente tren de vuelta a Andalucía. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]LA MADRE, EL PADRE, LOS TÍOS, LOS PRIMOS...[/cita] Primero llegó el padre de Mara, luego vino su hija y su mujer. Más tarde, los abuelos, los tíos, los primos, los vecinos…que iban ocupando casas compartidas por varias familias andaluzas con derecho a cocina, a un agujero en el suelo como baño y una palangana que hacía las funciones de ducha. En medio de esa infancia rodeada de familias obreras andaluzas, para Mara los catalanes no existían. Eran los que vivían al otro lado de la carretera que Mara nunca cruzaba. “Toda mi socialización era andaluza”, recuerda. Su padre se colocó en la SEAT y su madre abrió una mercería a la que pusieron a Mara a trabajar con 11 años después de sacarla de la escuela. Al otro de la carretera seguía estando un mundo de catalán y catalanes que Mara no sabía ni que existía. La familia se empieza a implicar en los débiles movimientos vecinales que reclaman tener alguna de las cosas que había al otro lado de carretera: un ambulatorio, una escuela, un parque, una acera, alumbrado público… Mara se saca el bachillerato elemental por la noche, entra a trabajar a unos grandes almacenes, se casa y marcha a Venezuela en 1987. Mara sigue pensando que los catalanes no existían, aunque ya por entonces intentaba hablar catalán con alguna clienta en los grandes almacenes. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]VICEPRESIDENTA DE UN CASAL... EN VENEZUELA[/cita] Al primer marido de Mara lo trasladan a Venezuela por motivos de trabajo y allí ella es elegida vicepresidenta del Casal de Catalunya. Se da cuenta de que echa de menos a Cataluña, que se emociona con la sardana y que cada 11 de septiembre se siente una catalana más fuera de su tierra. Mara descubre en Venezuela qué había al otro lado de la carretera. Regresa en 2002 a Cataluña. Mara vota entusiasmada a Pasqual Maragall y posteriormente a José Montilla, los líderes socialistas catalanes que presidieron la Generalitat de Cataluña entre 2003 y 2010. Ya ha aprendido a hablar catalán, ha descubierto qué había al otro lado de la carretera y vive la frustración del recurso del Tribunal Constitucional a la reforma del Estatuto de Cataluña de 2006. Al otro lado del Ebro se pide el boicot al cava catalán y Mara abraza el independentismo en respuesta a una campaña “insensata y llena de odio contra los catalanes”, dice esta mujer que a veces habla de Cataluña en primera persona y otras en tercera. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]LA NOSTALGIA DE 1714[/cita] Su afición por la Historia hace el resto: “Descubro que el Estado español no es lo que en mi colegio franquista decían que era, descubro los orígenes antiquísimos de la lengua catalana y que antes de 1714 habíamos sido un país independiente”, relata casi iluminada horas antes de votar. Hoy es el día que el independentismo organizado celebra lo que para ellos es un referéndum y para los no independentistas son unas elecciones autonómicas “normales”.  Mara sabe que hoy no es un día normal. Está nerviosa, muy nerviosa, teme que los independentistas no obtengan la mayoría necesaria para empezar a construir “estructuras de Estado” , declarar unilateralmente la independencia y que el Estado “nos machaque”. Mara se ha levantado hoy temprano y espera ir a votar en un par de horas. Deja clara una idea antes de depositar su voto: “Aquí nadie es antiespañol, somos anti-Estado español”, que ella refleja en el PP y en Mariano Rajoy, convencida de que son los culpables de que personas como ella hayan abrazado la causa independentista. Esta ‘indepe’ de Granada de sesenta años, que llegó a Cataluña con dos, entiende que en Andalucía no se pueda entender su posicionamiento, aunque aclara: “Si Andalucía se diera cuenta del Estado español que tenemos, también saldría corriendo”.