Volátil es la elegante palabra que utilizan los sociólogos en relación a los sondeos o los economistas en relación a la bolsa cuando no tienen ni la más remota idea no ya de qué va a pasar en el futuro, sino de qué diablos está pasando ahora mismo. Las elecciones andaluzas son volátiles. Nunca unas elecciones lo fueron tanto. En otros comicios ha habido sorpresas muy importantes, pero eran eso, sorpresas, resultados que nadie o muy pocos esperaban: sucedió en las andaluzas de 2012, cuando contra todo pronóstico no ganó el PP por mayoría absoluta; sucedió en las catalanas de ese mismo año, cuando Artur Mas se estrelló contra sí mismo; y sucedió en las europeas, cuando el ascenso espectacular de Podemos convirtió retrospectivamente a sus líderes en unos genios de la estrategia política. UN PANORAMA MÁS ROJO Y VIVIO QUE NUNCA Lo interesante, lo rabiosamente interesante de las elecciones andaluzas es que la incertidumbre de los resultados es total. En las elecciones mencionadas antes se equivocaron las encuestas, sí, pero se equivocaron casi todas porque la mayoría de ellas pronosticaban unos resultados que luego no se produjeron. En estas andaluzas es distinto: salvo la genérica obviedad de que ganará el PSOE seguido del PP y de Podemos, los resultados en detalle que dan las encuestas son tan dispares que no pueden equivocarse todas ellas. Alguna acertará, pero no sabemos cuál. Los errores cometidos en anteriores encuestas han vuelto muy cautelosos a los líderes. Esta vez no se fían. Es más: se juegan tanto el 22M que no pueden no fiarse. Por eso la campaña está al rojo vivo: más rojo y más vivo que nunca. En principio, parece que las fuerzas de la izquierda serán hegemónicas en la Cámara: Partido Socialista, Podemos e Izquierda Unida sumarían una mayoría desahogada para gobernar, pero parece poco probable que tal cosa se produzca. Ciertamente, poco probable no significa imposible, pero conviene recordar que las diferencias entre las tres fuerzas empiezan por la propia palabra ‘izquierda’: Podemos la rehúye desde las europeas, el PSOE va en días e Izquierda Unida le guarda una fidelidad de la que esperaba mejores frutos. UNA CAMPAÑA ASIMÉTRICA ¿Está siendo dura o especialmente dura la campaña? Todas las campañas lo son, pero también en eso esta es diferente. Hay muchos ataques, pero no son recíprocos, sino cruzados. Salvo en el caso del PP y el PSOE, cuyos ataques mutuos sí tienen la reciprocidad de siempre, las demás acciones ofensivas guardan una llamativa desproporción con sus réplicas. Por ejemplo: Izquierda Unida centra lo más granado de sus ataques en el Partido Socialista pero este no responde con la misma munición ni pareja intensidad. El PSOE no quiere desgastar a IU, tanto para no cerrar las puertas a futuros acuerdos como para no darle bazas a Podemos, el gran depredador al que todos temen. A su vez, Podemos ataca con gran dureza a los socialistas pero estos, aun sin dejar de ser mancos, replican más bien fransciscanamente: prefieren dedicarse a lo suyo, a lo de siempre, a atacar al PP, que donde esté enemigo conocido que se quite enemigo por conocer, y eso que en mítines como el de ayer en Málaga al exfiscal Villarejo o a Pablo Iglesias solo les faltó llamar a la Guardia Civil para que detuvieran de una vez por todas a los delincuentes socialistas que llevan saqueando Andalucía desde hace décadas. EL ÚLTIMO COMENSAL  Y por si no hubiera sido todo suficientemente complicado desde el principio, la inesperada llegada a la mesa electoral de un nuevo comensal llamado Ciudadanos ha hecho la campaña todavía más interesante. Menos roja, pero más viva. En principio, al PSOE le parecería estupendo tener varias opciones de pacto, hacia la izquierda con IU (sobre todo) y con Podemos y hacia la derecha con Ciudadanos. Ahora bien, los de Albert Rivera acaban de decir que antes de sentarse a hablar quieren las cabezas de los expresidentes Chaves y Griñán sobre la mesa. ¿Fanfarronada electoral o principio ético? ¿Jugada de farol para no espantar votantes o línea roja para negociar? Puestas así las cosas, el debate a tres que celebran mañana en Televisión Española Juan Manuel Moreno, Susana Díaz y Antonio Maíllo puede ser decisivo para las aspiraciones de todos ellos. El programa se llamará ‘Debate Electoral’, pero debiera llamarse ‘Al Rojo Vivo’.