El libro sobre la crisis catalana El naufragio, que ha escrito la periodista Lola García, directora adjunta de La Vanguardia, no gustará a los acérrimos de cualquiera de los dos bandos –quizá dos y medio– en que está dividida la sociedad catalana un lustro después del arranque más o menos oficial del procés

Leyendo el libro pero también sus crónicas y análisis, se diría que Lola García milita en el bando de los templados, que no es propiamente un bando sino, si acaso y como mucho, medio bando. El de García no llega a ser él mismo un tercer bando pero al mismo tiempo se resiste a ser asimilado a alguno de los otros dos. Históricamente, el de los templados siempre ha sido el menos bando de los bandos.

El 1 de octubre de 2017 fue el día en que los templados de ambos frentes perdieron la templanza. Cuando se consolidan dos frentes es casi imposible escapar a ellos: tal vez por eso, más importante que estar en un bando u otro sea el modo en que cada uno está en el suyo. No era igual el modo en que Chaves Nogales, Antonio Machado o María Zambrano estaban con la República que el modo en que podían estarlo José Bergamín o Rafael Alberti; no era igual el modo en que Ortega, Unamuno, Pla o Gaziel estuvieron con los sublevados que el modo en que lo estuvieron Sánchez Mazas o José María Pemán.  

El naufragio se centra en los hechos y no en las emociones. Buena decisión: en política, las emociones son todas sinceras pero no así los hechos. De ahí se necesiten libros como El naufragio para testar la sinceridad y aun la existencia misma de eso que llamamos hechos y que no siempre lo son. De su lectura se desprende que el procés es un naufragio sin ahogados (todavía), o si acaso con apenas un puñado de ellos: los líderes independentistas encarcelados por una justicia impecable y ejemplar para un bando y ofuscada y corrompida para el otro.

Este libro es artesanía de calidad: una labor paciente de alta y trabajada precisión periodística. García revela algunos hechos desconocidos y muy significativos, como los encuentros secretos de Artur Mas y Mariano Rajoy, pero su principal virtud está en ese tono de contención narrativa que rehúye con profesionalidad la tentación de los adjetivos, a los que la prensa madrileña suele ser más proclive que la catalana. Hay otros buenos libros sobre el procés pero están lastrados por un exceso de adjetivación.

En El naufragio no está todo lo que debe saberse sobre el procés, pero todo lo que hay en él debe saberse. La situación catalana es endiabladamente compleja, sí, pero no tanto como para no dejarse comprimir en 250 páginas si se tiene el talento periodístico y la modestia estilística de Lola García.

El libro es a un tiempo una descripción, una guía y manual. Es una buena guía y un buen manual porque es previamente una buena descripción, es decir, una buena crónica. García parece seguir la recomendación de Josep Pla: “Es más fácil opinar que describir. Infinitamente más. Precisamente por eso todo el mundo opina”. Son, de hecho, contadísimas a lo largo del libro las ocasiones en que la autora opina.

Publicado con sobriedad bajo el sello de Ediciones Península y prologado con penetración por el brillante y precavido Enric Juliana, se recomienda vivamente su lectura a ambos lados si bien con esta advertencia: no gustará a los más ofuscados de ninguno de ellos.