Alguien ha medido mal los tiempos. Los tiempos y las emociones. Ningún periodista ha creído hoy al número dos socialista José Luis Ábalos cuando hoy ha dicho que ayer no dijo lo que todos los periodistas presentes entendieron que había dicho.

Tras su comparecencia del lunes, la interpretación de los medios fue unánime: Ferraz le mostraba a Susana Díaz la puerta de salida. Y así se interpretó también en el PSOE andaluz: Pedro Sánchez desenterraba el hacha de guerra para devolverle a Díaz el golpe que ésta intentó sin éxito asestarle en el pasado.

Solo una tregua

Los movimientos de Ferraz habían copado las portadas de los todos periódicos. Volvía la guerra al socialismo. Lo que todos pensaban que era la paz había sido simplemente una tregua a la espera del mejor momento para derribar al adversario.

Ahora la iniciativa era de Pedro aprovechando la debilidad extrema de Susana tras unas elecciones que, pese a la primera posición socialista, han acabado en desastre. Un desastre que no admite paños calientes: Díaz perderá la Junta de Andalucía, aunque todavía está por ver si su sucesor es un presidente del Partido Popular o de Ciudadanos.

La mala orden

Si la orden terminante del presidente era ‘quiero la cabeza de Susana sobre mi mesa’, nunca debió darla. Y si la dio, los encargados de ejecutarla no pudieron ser más torpes. Proclamar a los cuatro vientos que la hora de Díaz había llegado no era la mejor manera de que conseguir que, efectivamente, le llegara su hora.

Las palabras de Ábalos dispararon las alarmas en las terminales socialistas andaluzas. No daban crédito, pero se preparaban para la batalla. Vaya si se preparaban. Si Madrid quería guerra, la tendría. El PSOE andaluz de Susana Díaz no es el PSOE madrileño de Tomás Gómez. Pedro había salido victorioso en la guerra civil contra Díaz y todos habían reconocido la legitimidad de su victoria, ¿qué más quería?

¿Incendio? ¿Qué incendio?

Por fortuna, en la entrevista concedida a la cadena SER este martes, Susana Díaz procuró apagar el incendio. Es más: contestó a las preguntas de Pepa Bueno como si no hubiera ningún incendio: “Los periodistas habrán sacado de contextto las palabras de Ábalos”.

Unas horas después, el propio Ábalos venía a decir lo mismo a los periodistas ante quienes 24 horas antes había dado lectura a lo que todos interpretaron como la orden de ejecución de Díaz firmada por el secretario general. El de la presidenta andaluza ha sido un fusilamiento con freno y marcha atrás.

Las naves de Ferraz han escondido sus cañones. Por ahora, no dispararán contra la armada andaluza, pero han revelado con claridad sus intenciones. O así al menos se ha interpretado en la sede del almirantazgo con sede en San Vicente.

La paz tan trabajosamente alcanzada está en peligro, como lo está la propia cabeza de Díaz. Cuando se consume la pérdida del reino andalusí a manos de las tropas cristianas de VOX, PP y Ciudadanos, Ferraz lo intentará de nuevo.