En la templada mañana de este sábado 13 de junio, día de San Antonio de Padua, va a materializarse institucionalmente el desastre electoral sufrido por el Partido Popular de Andalucía en la batalla del 24 de mayo. Ya en la contienda autonómica del 22 de marzo las huestes dirigidas por Juan Manuel Moreno Bonilla habían sufrido un durísimo revés que era la antesala de la debacle que tendría lugar solo dos meses más tarde. El Partido Popular es hoy un ejército sonámbulo tras haber caído en la batalla del 24-M seis de esos diez mariscales de referencia que eran sus alcaldes de las capitales más Jerez y Marbella. Juan Manuel Moreno es un desolado comandante que, por si fuera poco lo ocurrido hace dos domingos, debe sus galones a un jefe del estado mayor fuertemente contestado por los coroneles de la periferia, casi indiferente para la tropa y muy poco querido por el pueblo llano. En el PP hay quienes ahora se preguntan si no se equivocó Moreno Bonilla al no facilitar, con su simple abstención, la investidura de la candidata autonómica del partido más votado, como había prometido Mariano Rajoy, lo que además habría frenado en seco aquella disparatada puja en la que los partidos de la oposición fueron subiendo el precio de su propia abstención, unos por convicciones ideológicas, otros por temor al 24-M y todos por la certeza de que no pagarían precio alguno por el bloqueo. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]¿QUÉ HUBIERA PASADO SI...?[/cita] Desde luego, aun sin bloqueo de la investidura el PSOE no habría renunciado tras el 24-M a arrebatar al PP cuanto poder le hubiera sido posible, pero el clima de las relaciones con Susana Díaz habría sido muy distinto de no haber sido esta humillada al negársele hasta en tres ocasiones los laureles del triunfo legítimamente conseguido el 22 de marzo. El jueves le fueron al fin otorgados y mañana será ungida con ellos en una ceremonia en el Parlamento de Andalucía. De haber facilitado el PP su investidura, ¿habría dado la secretaria general indicaciones a los suyos para no forzar determinados acuerdos en lugares como Marbella, Jerez o, si bien a última hora y de carambola, Almería? No es probable, pero es posible. El PP tenía buenas razones para desconfiar de la caridad socialista, sin duda. Ahora bien: ¿qué beneficios efectivos, y mensurables, le ha reportado finalmente a Moreno Bonilla no haber facilitado una investidura que, de todas formas, le iba a ser imposible evitar? [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]DOS CLASES DE RAZONES Y UNA SOLA DERROTA[/cita] Las razones de la derrota del 24-M han sido de dos clases. Una, tal vez la principal, tiene que ver con los errores cometidos por el cuartel general de la calle Génova, cuyo comandante en jefe prometió hace cuatro años demasiadas cosas que no ha podido cumplir e infligió a la población civil demasiados castigos que no ha podido, no ha sabido o no ha querido evitar. Y la otra razón consiste en la incapacidad de los alcaldes para alcanzar pactos con otras fuerzas políticas y muy en particular con Ciudadanos. Una incapacidad que en algunos casos, como el de Marbella, tiene su origen en el mal trato dado por los alcaldes populares a grupos de la oposición con los que podrían haber contado hoy para renovar sus mandatos. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]RECUENTO DE BAJAS[/cita] El recuento de bajas populares es desolador. De las ocho capitales de provincia en las que venía gobernando el PP solo conservará cuatro: Málaga, Granada, Almería y Jaén, y las tres últimas por los pelos y en el último minuto. A esas cuatro pérdidas de gran valor estratégico de cara a la gran batalla de noviembre debe sumar también las de Jerez y, sobre todo, Marbella, una plaza de singular valor simbólico para los populares, pues fueron el único partido que salió indemne de la inmensa ciénaga de corrupción en que se había convertido la ciudad durante la ominosa década de los 90 en que fue gobernada por el GIL. Y para redondear el desastre, las Diputaciones. El PP pierde las de Córdoba y Granada y, en principio, conservaría únicamente las de Málaga y Almería. Por lo demás, desde la noche misma del 24-M estuvo cantado que el PP perdía Huelva, donde el PSOE se ha recuperado espectacularmente logrando la primera plaza, y Sevilla, donde Juan Ignacio Zoido apenas logró aventajar en 3.000 votos al socialista Juan Espadas, quien no ha tenido excesivas dificultades para armar una mayoría de izquierdas. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]EL ULTRAJE DE CÁDIZ[/cita] Y también iba a estar complicado en Cádiz, donde Teófila Martínez conservaba la primera plaza pero muy lejos de la mayoría absoluta. La pérdida de Cádiz tiene la peculiaridad particularmente ultrajante para la derecha ya que el quebranto se produce a manos de una marca blanca de Podemos que el PP siempre despreció. José María González ‘Kichi’, pareja de la secretaria general de Podemos Andalucía, Teresa Rodríguez, va a ser hoy el nuevo alcalde de Cádiz con el apoyo socialista. En Córdoba no iba a ser fácil para el PP conservar el poder que ostentaba José Antonio Nieto, pero había alguna esperanza que finalmente ha resultado ser más bien remota. La ciudad de la Mezquita pasa por primera vez a manos socialistas con Isabel Ambrosio al frente. En Almería, en cambio, primero parecía seguro que Ciudadanos apoyaría a Luis Rogelio Rodríguez-Comendador pero, sorprendentemente y por razones todavía no explicadas, ayer el coordinador provincial de Ciudadanos, Miguel Cazorla, decidía apoyar la investidura del aspirante socialista, Juan Carlos Pérez Navas. No obstante, esta misma mañana, poco antes de la votación volvía a cambiar de parecer y decidía abstenerse, facilitando así la renovación del Rodríguez-Comendador. Con esos precedentes Cazorla puede, pues, ofrecer al respetable grandes tardes en el coso político almeriense. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]BIEN EN MÁLAGA Y MAL EN GRANADA Y JAÉN[/cita] En Málaga, aunque también sin mayoría absoluta, ha sido donde el PP ha tenido menos problemas para conservar la Alcaldía. Francisco de la Torre ha vuelto a demostrar su capacidad de diálogo, abonada por un trato respetuoso a sus oponentes en el pasado. Mientras tanto, en Granada y Jaén el PP ha salvado las alcaldías casi en el tiempo de descuento. Hasta ayer mismo ambas estaban en el aire. ¿La razón? Justo la contraria que en el caso del malagueño De la Torre. Torres Hurtado y Fernández de Moya no se han molestado en ocultar su desprecio y en ocasiones hasta su saña para con los candidatos emergentes de Ciudadanos, y en consecuencia estos les han hecho tragar quina hasta el último minuto. En el caso de Granada con una peculiaridad: en noviembre se revisa el pacto alcanzado ahora. ¿Cuál será entonces el criterio para renovar? Todo parece indicar que sería la renuncia del alcalde, cuya cabeza ha venido pidiendo tenazmente el resentido candidato de Ciudadanos Luis Salvador.