Es de agradecer, al menos, el aviso lanzado por los responsables de la campaña del Partido Popular. Nadie se llamará luego a engaño cuando le pongan la mordaza. Mariano Rajoy no ofrecerá ninguna rueda de prensa ni mantendrá ningún otro contacto ni oficial ni oficioso con los periodistas que sigan sus actividades en lo que queda de precampaña y campaña. Sólo podrán acceder a sus intervenciones en los actos y sin posibilidad de hacerle ningún tipo de pregunta. Este bloqueo, que no es nuevo, supone una auténtica tomadura de pelo para la profesión y para la ciudadanía. Si fuera director de un medio de comunicación, no mandaría nadie a su caravana electoral. Y me plantearía una cobertura alternativa orientada a la función social que han de cumplir los medios, lejos de la agenda, del señuelo propagandístico, que propone el equipo de Rajoy. La decisión exige una postura de fuerza tanto de las asociaciones de periodistas como de las propias redacciones. Un boicot en toda regla por la vulneración de los derechos constitucionales (el del ciudadano a recibir una información veraz y el de los periodistas a ejercer la libertad de información).

El equipo de campaña le ha montado un búnker a Rajoy. Para pasar de puntillas por los asuntos espinosos (ausencia de programa público, recortes en educación y salud, corruptelas gurtelianas, etc.) y hacer una campaña sin sobresaltos, sin elementos que le obligue a abandonar la hoja de ruta del lugar común y la insustancialidad y sin esa cosa tan molesta que son las preguntas de los periodistas. Al PP le gusta el monopolio y el control de la información, un reflejo propio del pensamiento totalitario. Sin exagerar nada, estamos ante una estafa democrática. La ciudadanía necesita saber en un proceso electoral y se hurta esa posibilidad. Los reporteros ejercen una cierta función representativa en la sociedad como intermediarios entre gobernantes y gobernados que, desde el PP, se quiere cercenar. La petición de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), a través de su Declaración de Segovia, ha caído en saco roto.

Como periodista, rechazo este tipo de actitudes, vengan de donde vengan. Espero que Alfredo Pérez Rubalcaba, inspirado por esta cerrazón informativa de su principal contrincante, no cometa el mismo error y se abra al juego democrático que supone facilitar la libertad de información.


* Miguel Ángel Vázquez es periodista, diputado y Secretario de Comunicación del PSOE-A