El Gobierno andaluz ha logrado en 2014 salvar un año difícil. No lo ha salvado con brillantez, pero lo ha salvado. Un año difícil porque había muy poco dinero para gastar y difícil porque la convivencia entre los dos partidos no iba a ser fácil. En realidad, una cosa está relacionada íntimamente con la otra: el dinero disponible y la buena relación entre PSOE e IU son variables inversamente proporcionales porque las cosas que quiere hacer la federación dirigida por Antonio Maíllo cuestan dinero y el dinero viene de Madrid con cuentagotas. Como los presos de antaño, las autonomías, igual que el Gobierno de España, están obligados a gobernar amarrados a los grilletes del déficit y eso hace que su libertad de movimientos sea escasísima. Y ello con la dificultad añadida de que deben convencer a la gente de todo lo contrario: convencerla de que, pese a los grilletes, son capaces de moverse libremente y hacer muchas cosas. Es verdad, con todo, que algunas hacen y que la gente lo agradece, pero es que la gente ha bajado mucho el listón de sus exigencias y cualquier cosa, por mísera que sea, le viene bien. ANÉCDOTAS Y CATEGORÍAS Hemos pasado un año donde todo el empeño del Gobierno andaluz era decir que aquí no había recortes y todo el empeño del Partido Popular era demostrar que los había. Además de la corrupción, que es capítulo aparte y la gran amenaza que pende sobre el PSOE, toda la batalla política andaluza de 2014 se ha reducido a eso: el Gobierno de Díaz empeñado en demostrar que otra política es posible y la oposición de Moreno empeñada en demostrar que otra política es imposible. Cada retraso en las nóminas, cada nuevo dependiente que se moría sin cobrar, cada nueva baja que se quedaba sin cubrir: cada anécdota presupuestaria era convertida por la oposición categoría y cada categoría era rebajada anécdota por el Gobierno. ¿A cuál de los dos creen los ciudadanos? En realidad, no es que no crean a ninguno en particular, es que a lo largo de 2014 los andaluces no han modificado significativamente la estructura su fe: han creído en los mismos en quienes ya creían y lo han hecho en parecidas proporciones. Eso es bueno para el PSOE y para Izquierda Unida, pero es malo para el Partido Popular, cuya única esperanza es que Podemos fracture el territorio electoral de la izquierda hasta el punto de que ésta sufra una sangría en el reparto de los últimos escaños de cada circunscripción, donde el partido con más votos rebañaría una importante tajada. UN 2015 (DEMASIADO) APASIONANTE Si hubiera que poner nota a la acción de la Junta de Andalucía en 2014, un 6 sería la calificación tal vez más justa, lo cual significa a su vez que la oposición tendría que conformarse con un 4 porque la política es un juego de suma cero. Aprobado sin brillo para el Gobierno y suspenso sin drama para la oposición. Apurando un poco podría tal vez rebajarse el 6 a un 5,5 y mejorarse el 4 hasta un 4,5, pero nada más. El Gobierno ha aprobado y la oposición ha suspendido, pero la notas del curso 2014 no son garantía para las del curso 2015, que se prevé mucho más complicado que el anterior. Y no porque vaya a haber menos dinero, que habrá más o menos el mismo, es decir, la misma calderilla de años anteriores, sino porque hay elecciones municipales y sus resultados se auguran más imprevisibles y más fuera de control que nunca. De esos resultados y de su combinación institucional van a depender demasiadas cosas: tantas cosas que ninguno de los algoritmos hasta ahora manejados para predecir el futuro sirve de mucho, por no decir de nada. Eso es lo que hace 2015 tan apasionante para cualquier observador y tan desasosegante para cualquier político (que no sea de Podemos).