La concejal de Ciudadanos en Castilleja de la Cuesta Carmen López se ha equivocado. O no entiende de política o no entiende de presupuestos. O ambas cosas a la vez. A su marido le ha salido trabajo en Chicago, la familia se ha trasladado allí y, como no se le permite participar en el pleno por videconferencia, se le ocurrió que la única manera de cumplir sus deberes éticos y seguir representando a quienes la votaron en mayo era que el Ayuntamiento le pagara los viajes desde el otro lado del Atlántico hasta Castilleja para asistir a los plenos municipales. Ni al que asó la manteca. Tú a Chicago y yo a Castilleja, debió decirle López a su marido cuando se embarcó en esta disparatada aventura de reclamarle a un municipio que está tieso como todos que le sufrague su ética trasatlántica. Sostiene López que los dos compañeros que la seguían en la candidatura se han dado de baja en el partido y de ahí que ella intente conservar su acta para impedir que el único escaño que consiguió Ciudadanos lo ocupe un tránsfuga. Pero la concejal y antigua Miss Sevilla ha medido mal su decisión y las consecuencias de la misma, la primera de las cuales es el ridículo. En teoría, cuando uno hace el ridículo en política debería dimitir de inmediato, pero es mejor que la idea se quede solo en la teoría, pues de ser llevada con cierto rigor a la práctica nos quedábamos sin políticos en cuatro días (bueno, sin políticos y sin periodistas, economistas, obispos…). No es imposible que Carmen López no pretendiera aprovecharse del Ayuntamiento para viajar gratis, sino simplemente cumplir con su deber. Es probable que haya sido así, dado que suponer lo contrario sería atribuir a la bella concejal una codicia ratonera de escaso provecho y muy corto recorrido cuya estación término sería, de todas formas, el destierro político y el choteo personal. Ahora bien, quien así se comporta –y más allá de las diferencias que pueda tener con la dirección de su partido– es obvio que no entiende de política, y no de política en el mal sentido de la palabra, sino en el bueno: el que alude a una gestión de los asuntos públicos proporcionada, razonable y fácil de entender por los ciudadanos que no suelen vivir en Chicago. ¿Qué tendría que haber hecho López si realmente la mueve el combate ético y sin cuartel contra el transfuguismo? Sencillamente, llamar a su partido, contarles el caso y preguntarles si le costeaban el viaje desde Chicago, a lo cual le habrían dicho que no; preguntarles a continuación si veían bien solicitar al Ayuntamiento que le pagara los billetes, a lo cual también le habrían dicho que no; y finalmente marcharse casa. A la de Chicago, no a la de Castilleja. La última hora del caso es que Carmen López se va del partido pero no del Ayuntamiento, donde seguirá de concejal. Primero se equivocó con los billetes y se equivoca con este adiós a medias cuya primera perjudicada es la propia edil en persona, seguida muy de cerca por la política en abstracto. López supo llegar merecidamente al cargo, pero ni ha sabido estar en él ni ha sabido dejarlo cuando tocaba.