En mis ya casi setenta años de vida, de los que 48 trascurrieron en Granada, no hubo fechas más intensas ni felices que las que transcurrieron en torno al 28 de febrero de 1980 cuando lo imperfecto de la democracia no impedía vivirlas con ilusión tan plena ni con la intensidad propia del sabernos constructores mediata e inmediatamente de nuestra tierra más querida. El lema Andalucía por sí y para España, el resto de la Humanidad y hoy añadiríamos que del Universo, ha ampliando la línea argumental de Blas Infante, padre y madre de nuestra patria y matria, y ha sido la clave de cuantos sueños y anhelos andaluces hayan podido encarnar las aspiraciones más solidarias de su afortunada descendencia. Sobre la base geográfica de esta zona meridional de Iberia se asienta el territorio que albergó y vio pasar el trasiego de pueblos euroasiáticos y africanos cuya vida se constituyó en el sucesivo vaivén (ora de Norte a Sur, ora de Este a Oeste y viceversas) síntesis creadora del andalucismo vertebral y universal, regido por la generosidad cósmica y la solidaridad material y espiritual entre la tierra y el mar, el llano y la montaña; el bosque y los desiertos; la huerta, el cerro y el bancal; el olivar, la alameda, el pinar y la espartera cuyos confines se entrecruzan como las arrugas que marcan el rostro cetrino de estos habitantes, forjado por la caricia de mil brisas y por el arañazo de otras tantas tempestades; paraíso de flora, fauna y humanidad; escenario del placer, proscenio de las sinfonías instrumentales más sutiles y de los silbos más equilibrados, acorde inefable e irrepetible, ritornelo fogoso, estratégico son, compás valiente. Así son las tribunas polifacéticas de la Hispanidad, si es que lo español es alguna cosa más que sus variedades, diversidades y diferencias; y así es Andalucía, crisol abrasado de su luz móvil (anda, anda... luz) y danzarina : música andante, fuego ardiente, agua bullente y tierra quebrada como la cintura de mil bailarines... y bailarinas, doblete genérico gramatical debido a la insistencia feminista militante de mi amiga Paquita Fuillerat, tribuna andaluza y flamante Premio Clara Campoamor que se entregará en Córdoba el próximo día 7, manola democrática de la granadina calle Elvira, felizmente trasplantada a Atarfe donde ejerce, desde el Mirador de la Peña que alberga la Ermita de los tres Juanes, la vigilancia más estricta sobre las trasgresiones de la igualdad en la Vega de Granada, su prolongación por el Puerto de la Mora hacia las de Guadix y Baza; y por la comarca del Marquesado y a través del de la Ragua, a todas las Alpujarras y a las costas granadinas y almerienses y, no contenta con lo cual, retrocede a Campillo de Arenas desde donde penetra en Jaén y, por el alfanje roto del Guadalquivir, remonta hasta Cazorla y supervisa de nuevo el valle del Gran Río Padre y desde mi comarca natal de La Loma, atraviesa Aznaitín y Jabalcuz hasta transitar de nuevo por Alcalá la Real hacia los boquetes de Zafarraya y Loja desde donde desemboca respectivamente en la costa malagueña y, por ella y el Arroyo de la Miel, a la Serranía de Ronda y la Sierra de los Alcornocales y, regresando a Loja, penetra en la bien nombrada Archidona y la Vega de Antequera, Ombligo Central de nuestro territorio y, con la Costa del Estrecho, la otra gran Rosa de los Vientos de la fachada meridional andaluza, española y europea. No contenta con eso, Paqui Fuillerat se convierte en un dron feminista incansable y nos traslada al triángulo agropecuario andaluz, limitado por Puentegenil, Carmona y Utrera, en cuyo centro reside el eje Sevilla-Los Palacios, bifurcado en Huelva y Cádiz, que alberga solo en apariencia nuestra capitalidad, que se dictó en el borrador estatutario del Parador de Carmona y, pasando por la prueba de sangre de Javier Verdejo en la Málaga del 4 de diciembre del 79, confluyó en la aprobación por toda Andalucía del texto definitivo en el Referendum del 28 de Febrero de 1980, previa convalidación de un déficit tan injusto como insignificante en Almería. Tribunas mucho más que capitalinas y bastante más que hegemónicamente lideradas por la iniciativa varonil, gracias a mujeres como mi amiga Paqui, un lujo andaluz de impulsora del igualitarismo socialista y democrático y del feminismo igualatorio, sentimientos que un año más multiplican nuestro orgullo andaluz en el 35 aniversario del 28 de Febrero de 1980.