Miedo. En unos roza el pánico y en otros solo es vaga inquietud, pero si hay una palabra que puede englobar el abanico de sentimientos que embargan a los líderes en este último día de campaña, esa palabra es miedo. Un miedo que ninguno de ellos puede exteriorizar porque la inseguridad y el derrotismo están terminantemente prohibidos en campaña electoral. Es cierto que en toda elección hay un cierto grado de incertidumbre, pero suele estar amortiguada por las certezas que dan las encuestas. Y ese es esta vez el problema: que las encuestas dicen cosas muy distintas unas y otras, tan distintas que es una temeridad fiarse de ellas. Hay partidos con más de diez puntos o hasta con más del doble de escaños de diferencia entre unos sondeos y otros. Imposible, pues, estar tranquilos. Y a esa particularidad denominada volatilidad del clima político se añade el hecho de que todos los partidos y, en realidad, todos los candidatos se la juegan. Literalmente. En otras elecciones la victoria o la derrota tenían un impacto meramente local: esta vez no será así. Lo que ocurra en Andalucía va a influir decisivamente en lo que ha de ocurrir a lo largo de este año en España. ANDALUCÍA Y ESPAÑA Si el Partido Socialista gana con holgura en Andalucía, su posición de cara a las municipales y locales del 24 de mayo mejorará de manera sustantiva. No se olvide que en el contexto de las encuestas nacionales el PSOE ha llegado a perder la segunda plaza a favor de Podemos: obtener una gran ventaja en Andalucía sobre el partido de Pablo Iglesias podría frenar y aun invertir esa tendencia nacional a la baja. Sin duda Susana Díaz saldría muy reforzada en ese caso, pero también Pedro Sánchez, titular de las siglas federales, muy beneficiadas de una victoria contundente en Andalucía. Pero también puede suceder lo contrario: que el PSOE quede en una posición parlamentaria más débil que la de 2012. Ese escenario no es imposible tras el 22M. Y lo que vale para el Partido Socialista vale para Podemos pero al revés. El nuevo partido de la izquierda española ha levantado unas expectativas que sus dirigentes temen ver truncadas si en Andalucía no les acompañan los resultados. ¿Qué sería ‘no acompañarles los resultados’? Cuando las encuestas han llegado a darle hasta 24 diputados y en torno al 20 por ciento de los sufragios, unas cifras muy por debajo de esas –y hay encuestas que les han otorgado incluso la mitad– podrían frenar en seco el hasta ahora imparable ascenso de Podemos. ADIÓS, BIPARTIDISMO, ADIÓS Aun así, sea cual sea el resultado del domingo, el 22M va a certificar la defunción del bipartidismo, y ahí está la previsible entrada de Ciudadanos para demostrarlo. Aun habiendo levantado también grandes expectativas, el partido de Albert Rivera se juega, en principio, mucho menos que Podemos. Rivera, al contrario que Iglesias en la izquierda no aspira a ser una fuerza hegemónica en el espectro del centro derecha, de manera que cualquier resultado que le permita influir en el futuro gobierno será un éxito. Para Ciudadanos lo importante no es cuántos diputados obtenga, sino qué pueda hacer con ellos, qué utilidad logre darles. Y eso mismo le sucede a Izquierda Unida, la formación que más se juega en estos comicios. Ahora tiene 12 diputados que pueden quedar en la mitad: si así fuera, su futuro sería muy problemático. Salvo… salvo que el número de escaños obtenido fuera suficiente para sumar mayoría absoluta con el PSOE, ya que ello le permitiría sacar a su representación un gran rendimiento, y no tanto entrando en el gobierno, opción ahora mismo descartada, como negociando acuerdos puntuales pero de fuerte impacto político.