¿Jugada maestra o tormenta perfecta? La respuesta, el día 22 de marzo. Esa es la fecha en que los andaluces serán llamados a votar después de que la presidenta Susana Díaz haya decidido disolver el Parlamento y poner fecha de caducidad al Gobierno que el Partido Socialista e Izquierda Unida venían formado desde marzo de 2012. Pocas veces una convocatoria electoral ha admitido tantas lecturas, algunas complementarias pero otras contrapuestas y aun excluyentes entre sí. Ya ha quedado desvelada la respuesta a la pregunta ‘cuándo’, pero persiste la pugna entre los distintos partidos para imponer su respuesta a la pregunta ‘por qué’. Naturalmente, hay que descontar la respuesta de que se adelantan las elecciones porque es lo mejor para Andalucía: no es que cualquier adelanto electoral no tenga en cuenta los intereses generales pues no le queda más remedio que tenerlo, es que nunca puede dejar de tener en cuenta los intereses partidistas. Cuando la presidenta decide adelantar es porque piensa que esa aceleración del calendario para va beneficiar al Partido Socialista y cuando los demás líderes critican la decisión es porque temen que pueda perjudicar a los suyos. AQUÍ IMPORTA ¡HASTA LO QUE PASE EN GRECIA! ¿Acierta Díaz al adelantar? ¿Aciertan los demás al temer el adelanto? En una situación de normalidad política podría responderse afirmativamente a ambas preguntas, pero es difícil dar una respuesta fiable en una coyuntura como actual en la que el sentido del voto el próximo 22 de marzo puede verse decisivamente influido por lo que en las próximas semanas suceda… ¡en Atenas! Allí, en efecto, acaba de ganar Syriza, el equivalente griego de la fuerza española emergente Podemos, y sus decisiones van a ser seguidas con suma atención por una parte muy importante del electorado andaluz. Más allá de las múltiples lecturas que quepa hacer del adelanto electoral –algunas de las más audaces, en clave interna del Partido Socialista– el hecho incontrovertible es que todos se la juegan el 22 de marzo. La primera, Susana Díaz: la decisión es suya y si la cosa sale mal será ella quien pague las facturas. Pero si sale bien, su liderazgo interno quedará blindado y las siglas socialistas estarán de nuevo en condiciones de competir con garantías de victoria en el campo de batalla nacional. BUENO PARA EL PSOE, BUENO PARA SÁNCHEZ ¿Una victoria contundente de Díaz en Andalucía debilitaría el liderazgo de Pedro Sánchez? Muchos analistas de la prensa nacional así lo están interpretando, hasta el punto incluso de atribuir la decisión de Susana Díaz a un cálculo exclusivamente orgánico. Sin embargo, las cosas no son tan evidentes. Si las siglas PSOE salen fortalecidas en la convocatoria andaluza, ello mejorará sus expectativas en las autonómicas y municipales de dos meses después, y el principal beneficiario de esa mejora sería objetivamente el secretario general Pedro Sánchez. Si este sabe jugar sus cartas, puede haber secretario general para rato, máxime teniendo en cuenta que Díaz tiene que contar hasta diez y andarse con pies de plomo antes de volver a hacer –como ya hizo semanas atrás– cualquier movimiento táctico que pueda interpretarse como una maniobra para debilitar o sustituir al líder federal. O DEMASIADO TARDÍAS O DEMASIADO TEMPRANAS Pero no solo se la juega el PSOE. También se la juegan los demás y no en menor grado. Para el Partido Popular es un momento complicado: si las anteriores andaluzas se celebraron demasiado tarde (cuando el Gobierno de Mariano Rajoy llevaba ya cuatro meses haciendo unos recortes que le era imposible posponer), éstas se celebran demasiado pronto (cuando los frutos de la política económica de Rajoy todavía no han llegado o no son percibidos por los ciudadanos). Para Juan Manuel Moreno Bonilla, el 22 de marzo será su bautizo de fuego. Tiene por delante una difícil campaña electoral en la que tendrá que demostrar la energía, la determinación y la personalidad que, en opinión de muchos dentro y fuera de su partido, hasta ahora no ha demostrado. Todavía es poco conocido y aunque las siglas PP parecen estar en alza a nivel nacional, la mejora es aún muy lenta y está envuelta en fragilidades de todo tipo. Desde luego, el PP andaluz no puede aspirar, y lo sabe, a los resultados de marzo de 2012, cuando quedó en primer lugar, pero sí a mantener un digno segundo puesto que le permita preparar con garantías su asalto a San Telmo en 2019. Sin ese digno resultado Moreno tendría los días contados. LOS PLATOS ROTOS DE MAÍLLO Se la juega Susana Díaz, se la juega Juan Manuel Moreno y se la juega Antonio Maíllo. El modo en que ha conducido la coalición y la impronta que ha marcado a sus relaciones con el Partido Socialista y con la presidenta no son hechos ajenos a la ruptura del pacto: si la responsabilidad primera de esa ruptura es de Díaz, quien le sigue inmediatamente después y a no mucha distancia es Maíllo. De manera que si el 22-M hay muchos platos rotos en la alacena de IU, quien los pagará será Antonio Maíllo, tanto los platos que haya roto él como los –muchos más– que hayan roto las circunstancias. Aun así, no es probable que el tradicional voto comunista vaya a dar la espalda a Izquierda Unida, que podría mantenerse en una horquilla de entre el 6 y el 8%. Suficiente para obligar al PSOE a llamar de nuevo a su puerta. Si es así, ¿se la abrirá? Es posible, pero a un precio mucho más alto que en marzo de 2012. LA INCÓGNITA DE LAS LISTAS Y se la juega, en fin, Podemos, obligado a estar a la elevada altura de las expectativas suscitadas por casi todas las encuestas. Si Podemos fracasa en Andalucía y lo hace además a expensas del Partido Socialista, su sueño del ‘sorpaso’ puede venirse abajo. La líder de Podemos y virtual candidata Teresa Rodríguez es todavía una incógnita: una incógnita que preocupa y mucho a Pablo Iglesias, cuya apuesta por la transversalidad puede verse comprometida por la imagen de radicalismo de Izquierda Anticapitalista, el partido del que procede Rodríguez, que puede espantar a más votantes de los que atraiga. Podemos tiene, además, por delante un difícil proceso de confección de sus listas electorales, que deberá someter a la consulta de sus bases. No va a tener fácil reunir nombres solventes en las ocho provincias. ¿Presentará listas cerradas y bloqueadas? No es probable, pero al mismo tiempo, si los militantes votan nombre a nombre Podemos puede encontrarse con candidaturas poco cohesionadas, y eso será un problema para el futuro.