Las diferencias profundas que separan a los socialistas andaluces de la dirección federal fueron de nuevo las claves con las que los observadores interpretaron el informe de gestión de Susana Díaz en la sesión de apertura del 13 Congreso del PSOE andaluz.

No hubo en las palabras de Díaz ni un solo reproche explícito a Pedro Sánchez, pero no era difícil ver en muchos párrafos de su discurso la voluntad de marcar perfil político propio frente a las posiciones de Ferraz en materias como la igualdad de los ciudadanos, la cuestión territorial o la dignificación orgánica de los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán, tratados como auténticos ‘apestados’ por Ferraz a raíz de su imputación en el caso de los ERE, pero cuya herencia reivindicó explícitamente Susana Díaz.

En defensa de la igualdad

La presidenta andaluza hizo una encendida defensa de las políticas sociales y de igualdad que son el ADN de su partido y desdeñó la idea de que los territorios deben estar antes que las personas. El fantasma del ‘Estado plurinacional’, que el 39 Congreso Federal incorporó al ideario socialista, sobrevoló el salón del Hotel Renacimiento: “¿Te imaginas a Susana diciendo ante esta gente que reivindica el Estado plurinacional? ¡La corren a gorrazos!”, comentaba en privado un alto cargo del Gobierno andaluz.

"Nunca fuimos nacionalistas", proclamó la presidenta para recordar a renglón seguido que el 28 de febrero de 1980 Andalucía pidió la misma igualdad que pide ahora: “No queríamos ser más que nadie, pero tampoco íbamos a permitir ser menos que nadie, porque queríamos ser iguales que los demás".

La página de Guerra

La secretaria general del PSOE andaluz también lanzó otro dardo implícito a Ferraz a propósito del relevo del exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra como presidente de la Fundación Pablo Iglesias: "Hay páginas en la historia del socialismo que no se pueden arrancar, una de ellas es Alfonso Guerra, que decía que no es importante el puesto que uno ocupe en el partido, sino el lugar que uno ocupa en el corazón de los militantes, simpatizantes y votantes del PSOE”. La presidenta cerró precisamente su intervención trasladando a sus compañeros la certeza de que Chaves y Griñán siempre tendrán un lugar en el corazón de los socialistas andaluces.

Díaz no hizo, como cabía esperar, autocrítica de su gestión, aunque admitió las dificultades habidas en la sanidad. Tampoco hizo mención a su derrota de las primarias antes Sánchez. Más bien lo contrario: aludió al poderío electoral del PSOE de Andalucía y recordó que durante su gestión se había quebrado el ciclo de derrotas electorales al tiempo que se había recobrado la unidad del partido. ‘Esa unidad que hoy no tiene el PSOE federal’, parecía querer decir entre líneas.

Sanchismo en horas bajas

El sanchismo, mientras tanto, se está viendo obligado a digerir este congreso desde una posición muy subalterna, una vez certificada durante la elección de delegados su extrema debilidad interna en casi todos los territorios.

En el salón de plenos no estuvieron presentes ninguno de los dos referentes del sanchismo andaluz, Francisco Toscano y Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Aunque ninguno consiguió acta de delegado, el segundo es miembro de la Ejecutiva Federal y pudo haber asistido al cónclave. Seguramente sí lo hará mañana, cuando Pedro Sánchez clausure el congreso.