Los sindicatos son una pieza básica en la arquitectura institucional de un sistema democrático. Esto a la derecha le da igual. Le han puesto la proa a los representantes de los trabajadores porque no quieren compañeros molestos para perpetrar sus mutilaciones del estado del bienestar. Esa semioculta hoja de ruta del Partido Popular recoge la bajada de los salarios, la reducción de las prestaciones de desempleo, una nueva negociación colectiva donde los patrones tengan la sartén por el mango, la degradación de la educación y la sanidad públicas y la privatización de servicios públicos. Todas estas fechorías del pensamiento neoliberal se hacen mejor sin testigos y los sindicatos serían unos malos compañeros de viaje. De un tiempo a esta parte, la derecha política y su acompañamiento mediático han iniciado una sostenida campaña de desprestigio de los representantes sindicales. Para nada sibilina, sino feroz y corrosiva contra este pilar de la democracia: eliminación de liberados, críticas contra la recepción de ayudas públicas e insinuaciones insidiosas sobre el uso de las mismas, mensajes injustos sobre el parasitismo de estas organizaciones… Todo un catálogo calculado de mensajes dirigidos a socavar su crédito y su imagen pública. (Por cierto, cuesta mucho trabajo encontrar en Google una foto de Rajoy con Cándido Méndezy Toxo)

La alcaldesa de Cádiz, Téofila Martínez, con su habitual desgañitado y desabrido tono, acusó a los sindicatos hace un par de días de estar vendidos a la Junta de Andalucía. Todo por una protesta de los trabajadores de la antigua Delphi antes las puertas de un mitin con participación de Javier Arenas. Ya no se acuerda la regidora gaditana cuando ella participaba en protestas de trabajadores del sector naval contra otros partidos. Desprecia la derecha la autonomía sindical y el derecho de los ciudadanos a defender lo que creen justo con los instrumentos del estado de derecho. Ayer mismo un grupo trabajadores de Astilleros y de la minería onubense acudieron a un acto de Pepe Griñán. Una escena de normalidad democrática. Si la movida va contra el PP los sindicatos son unos estómagos agredecidos del PSOE, cuando la reivindicación se dirige contra el adversario socialista la maquinaria pepera participa y jalea. Esa política de ancho del embudo retrata la hipocresía de una derecha que sólo quiere a la gente sumisa comiendo en su mano. Esquemas de otros tiempos de opresión.