Esta rocambolesca pirueta se materializó ante una medida tan sensible como gravar con un impuesto a las grandes fortunas de este país. De la huelga de brazos caídos de sus señorías de la derecha se ha de entender que no participan del principio de quien más tenga, más contribuya al fisco, que no suscriben que las acciones de las administraciones han de tender a la justicia social y a la redistribución de la riqueza.

Las huestes de Javier Arenas optaron por el pasotismo, por el enmascaramiento, incluso la ocultación, de su hoja de ruta de recortes drásticos y de apoyo a los poderosos. Una estrategia calcada a la de Mariano Rajoy: hacer la esfinge, no mover un dedo, para no asustar a la ciudadanía con medidas impopulares. No quiere exponer nada, tanto que se da la paradoja que celebra una convención nacional para presentar su programa y, después de tres días de romería marianista y euforia desmedida, sólo sale una única propuesta (un proyecto tan retrógrado y preconstitucional como la cadena perpetua revisable).

Desde la sede de la madrileña calle Génova se juega al dontancredismo, a no mojarse, esperando que cuanto antes lleguen las elecciones generales del 20N para no sacar la patita por debajo de la puerta. Sin embargo, Aguirre,Cospedal o Feijóo no están mostrando de qué va la vaina. Sería democrático que nos iluminaran con su programa antes de votar.