El descontento manifestado en las calles durante el 15 M, las Huelgas Generales y las Marchas de la Dignidad, en los centros de estudio con la Marea Verde y el movimiento estudiantil, en los centros de salud con la Marea Blanca, o en los barrios con la PAH y su ‘Sí Se Puede’ chocaba una y otra vez con unas instituciones que estaban de espaldas a la ciudadanía. En mayo de 2014, gracias a esas movilizaciones y recogiendo su testigo Podemos iba a irrumpir en el escenario político de nuestro país con 5 diputados en unas elecciones europeas que dieron la posibilidad de abrir brecha en lo que hasta ahora era una partida a dos. Por primera vez, la indignación tenía una expresión política propia en lo electoral y lo institucional que amenazara seriamente al régimen del 78 y su bipartidismo turnista. En Andalucía, uno de los pilares fundamentales del 78, el PSOE adelantaba las elecciones andaluzas para cogernos a traspiés e intentar frenar el movimiento de ilusión y esperanza que estaba en marcha. En un momento en que nos estábamos recién dotando de estructura orgánica, sin recursos, sin salir en los medios más que para que volcaran sobre nosotros y nosotras todo su miedo en forma de mentiras, logramos entrar al Parlamento andaluz con quince hombres y mujeres dispuestos a poner luz donde hasta entonces sólo hubo opacidad y oscurantismo. Para muestra un botón, y es que parece mentira que haya tenido que venir Podemos Andalucía para denunciar las dietas que sus señorías llevan cobrando más de 35 años en Agosto y Enero mientras la actividad parlamentaria está paralizada. Después vinieron unas elecciones locales, donde los municipios y ciudades, ante la decisión de Vista Alegre de no concurrir bajo la marca Podemos, se movilizaron y organizaron para llevar a la institución más cercana, los ayuntamientos, la voz de la gente, su ilusión y voluntad de cambio. El pasado 20 de diciembre la ciudadanía estaba nuevamente llamada a expresar la voluntad de quienes serán nuestros representantes, esta vez en el Congreso y el Senado. Por primera vez se multiplicaban las opciones, por primera vez las posibilidades de que un solo partido tuviera garantías de gobierno era poca o ninguna, por primera vez la partida no estaba decidida de antemano, por primera vez la incertidumbre y también la esperanza desplazaban a lo predecible. Y el pueblo habló y puso sobre la mesa un resultado plural y diverso que nos sitúa ante un panorama de acuerdos entre PP/PSOE/Ciudadanos y/o ante unas nuevas elecciones generales para la próxima primavera. Afortunadamente, a pesar de los pesares, de las cosas que hicimos bien y de las que no tan bien, la necesidad y las ganas de cambio se impusieron. EL PAPEL CRUCIAL DE SEVILLA En este escenario merece especial mención el papel que ha jugado nuestra provincia en este ciclo electoral que pretendía cerrarse el pasado 20 de diciembre. En las pasadas elecciones europeas, Podemos obtuvo una representación de 7’84% en la provincia. En marzo de 2015, Sevilla aportó al Parlamento Andaluz 165.561 votos (16,58%) y 3 parlamentari@s. En mayo, más de una veintena de candidaturas de unidad popular en la provincia de Sevilla, a pesar de haber concurrido bajo opciones diversas y no siempre con muchos recursos, lograron obtener un resultado que les permitiría tener representación en sus ayuntamientos: así, Castilleja de la Cuesta, Mairena del Aljarafe, Sevilla, Alcalá de Guadaira, Dos Hermanas, Écija, Gilena, Aguadulce, El Coronil, La Rinconada, Carmona, Coria del Río, Lebrija, Valencina, etc. Y en esa línea de continuidad ascendente, el pasado 20 de diciembre Sevilla aportó un hombre y una mujer al Congreso de los Diputados con un total de 207.826 votos (19,02%) procedentes de sus 105 municipios, especialmente de aquellos que durante este año y medio han contribuido a construir esta herramienta de cambio que es Podemos, aquellos donde los círculos son espacios vivos de debate político y están pegados a su territorio, aquellos donde nuestros concejales y concejalas del cambio llevan a las instituciones la voz de la gente, donde demuestran cada día que hay un modo distinto de hacer política, donde dan prioridad a lo urgente, donde la vida se sitúa en el centro de la política y no en la periferia. En este sentido, extraemos dos ideas fuerza. Por un lado, confirmamos que allí donde menos espacio se le dejó al régimen para recomponerse, mejores han sido los resultados ahora: observamos que más del 77% de los votos a Podemos en la provincia de Sevilla vienen de municipios donde las candidaturas ciudadanas y de unidad popular obtuvieron representación. Y por otro lado, constatamos que la implantación territorial es un factor que influye de manera fundamental en lo electoral, como demuestran los resultados obtenidos en los pueblos donde históricamente ha habido candidaturas de la CUT, hoy compañeros de Podemos. Sin duda, el municipalismo es una de las palancas más importantes del cambio. CONTRA EL CLIENTELISMO Crecemos pasito a pasito, sin prisa pero sin pausa, poniendo cimientos sólidos a este proyecto que es Podemos. Entendiendo que Andalucía, y en ella Sevilla, es una tierra extensa con cientos de pequeños pueblos donde la política que se ha llevado a cabo durante más de treinta años no es tan fácil combatir. Vencer el miedo de quienes crecieron escuchando que los derechos no se conquistaron y no son nuestros, sino que es el partido en el gobierno quien los regaló es tarea ardua. A veces no es fácil simpatizar con una nueva fuerza política como la nuestra allí donde el poder se construye sobre la base de la necesidad y se desarrolla de forma clientelar. Hay veces que uno no encuentra la confianza suficiente para ocupar un espacio público que siempre ocuparon los mismos y por esto también el valor de las candidaturas municipales del cambio. Muchas veces la simpatía es acompañada por un sentimiento de aislamiento e incomprensión de la realidad que se vive. El cambio en esta tierra necesita comprender la subjetividad propia del mundo rural y darle una respuesta política. Para acabar con todas esas sensaciones individuales y poder empezar a tejer redes es necesario tender puentes entre los pequeños pero imprescindibles núcleos de simpatizantes en cada municipio. Nadie nos regaló nada, cambiar las cosas no es fácil y sólo la organización colectiva da sus frutos. En este sentido, para seguir sembrando el cambio en nuestra tierra es la hora de las comarcas. Construir una herramienta de cambio y empoderamiento ciudadano de largo recorrido y con posibilidades reales de cambiar esta sociedad no pasa únicamente por la creación de un partido político y por entrar en sus instituciones. Nuestros sueños no caben en sus urnas. Para cambiar este sistema de corrupción, de abusos, de desigualdad, de falta de garantías y derechos hay que seguir dándole el protagonismo a la gente y sus problemas, hay que vertebrar el territorio círculo a círculo, pueblo a pueblo, comarca a comarca, porque estamos convencidas que el cambio sólo es posible con una mayoría social organizada que siga saliendo a la calle a exigir que no le roben sus derechos, a reivindicar mejoras y oportunidades, a pelear juntos y juntas por una igualdad real en el respeto a la diferencia. Construir esa mayoría social también implica caminar más y mejor los senderos de la unidad popular. Porque en 2016 sumando fuerzas sigamos sembrando futuro para caminar y vencer. (*) Pablo P. Ganfornina (Consejero Ciudadano de Podemos Andalucía), Rocío Van Der Heide (Consejera Ciudadana de Podemos Andalucía) y Julián Moreno (Concejal de Participa Sevilla y diputado Provincial).