Existe una especie legendaria y fabulosa, a mitad de camino entre la Antropología Animal y la Zoología Antropomórfica, digna de aparecer en los Bestiarios más conspicuos, entre el abiertamente familiar de Julio Cortázar (1951) y el demoníaco de Leonardo da Vinci y a esa especie inencasillable es a la que pertenecen las dos Ritas que traigo a colación (la Barberá y la Maestre) cuando ambas ocupan un lugar relevante en los tribunales de justicia y medios de comunicación y son objeto de numerosas controversias. La primera, en el ocaso de su esplendor, fue llamada la alcaldesa de España por su correligionarios afanadores y conservadores del Partido Popular (conservan lo que afanan) y ahora está a punto de ser oficialmente investigada por la Audiencia Nacional por haber sido a-forrada y blindada por las Cortes Valencianas, que también empiezan a pedirle que dé un paso atrás, abandone la política y deje de comprometer a un partido honrado y limpio como es el suyo donde se exonera al colega de cualquier presunción delictiva con la misma ligereza con que se carga al rival de todos los delitos imaginables. La segunda, concejal y portavoz del Ayuntamiento capitalino por Ahora Madrid, está ahora subjudice, acusada y juzgada por haber entrado a pecho descubierto en una capilla católica de la Complutense proclamando su derecho a protestar ante la inconstitucionalidad de sufragar en exclusiva dicho edificio para el culto católico, siendo esa Universidad pública, laica y aconfesional, como rezan sus estatutos. La Barberá es un animal político de primera magnitud y dimensiones plúmbeas que comenzó siendo una delgaducha Reina del Humor de su comunidad, entonces llamada País Valencià, y ha terminado como todopoderosa alcaldesa de una de las ciudades con mayores índices de corrupción supuesta de España y posee el dudoso honor de que, al perder la alcaldía, tiene imputados por corrupción la mayor nómina de ediles, asesores y colaboradores municipales de la historia de nuestra reciente democracia, incluido su vicealcalde. Tanto es así que quienes quieren hacernos luz de gas y colarnos que el PP no es ni ha sido un partido sustancialmente corrrupto miran a Rita con incomodidad y darían algo por verla desaparecer de la vida pública española al tiempo que contraatacan con el hecho de que la otra Rita esté siendo juzgada por haber participado en una protesta airada contra el oficialismo de la Iglesia Católica en la Universidad y haya recibido por ello la propuesta fiscal de un año de prisión lo que la inhabilitaría para desempeñar la portavocía municipal de la capital, solo por ser juzgada, al margen de la edad en que cometiera el presunto delito y el tiempo que haya pasado desde entonces. Se ve que la juventud surgente de la encausada madrileña y su liviandad, tan distinta de la morbidad pesante de su homónima levantina, han debido encrespar a las huestes más conspicuas de la carcundia que son expertas en mostrar su escándalo ante la paja en el ojo ajeno mientra parecen ignorar el tamaño y gravedad de la viga (Marista, por ejemplo) en el propio, por no ir más lejos. Y ello ha permitido a Pablo Iglesias salir en tromba en defensa de la Maestre arguyendo el contraste del tamaño y gravedad de sus pecados juveniles con las presuntas tropelías de la Barberá, lo cual no deja de ser oportunista aunque en el fondo tenga razón. Lo que no dice Iglesias es por qué Podemos y sus aliados callan cuando Andalucía reclama la igualdad y la justicia en el plano nacional e interregional y siguen defendiendo una España asimétrica y un trato de favor para Cataluña, Esuskadi y Galicia, ignorando el proceso autonomista andaluz cuando en el 28-F conquistó para sí el mismo derecho que las otras comunidades "nacionales" dicen ahora tener en el concierto autonómico. Y no hablo de humo, ni de palabras vacuas sino de economía, de leyes y de nuestra igualdad ante las mismas, pues no somos ni más ni menos que nadie y no estamos dispuestos a que se nos ningunee constitucionalmente aprovechando los tiempos de cambios que se avecinan. Ni Madrid ni Cataluña podrán convencernos de que son ellas las que primero y bilateralmente han de ponerse de acuerdo para pactar las reformas que España necesita. Que vayan con ese cuento a otra parte y que no nos lo vendan a nosotros pues, aunque lo parezca, nada tenemos que ver con la tercera Rita, Rita la Cantaora.