Era la sentencia más esperada por los conservacionistas y la más temida por la mayoría de los vecinos de Carboneras. Tras hacerse esperar durante dos interminables semanas, el Supremo ha hablado por fin y lo ha hecho con claridad: la zona en la que se ubica el hotel El Algarrobico –20 plantas y 411 habitaciones– es un área ambientalmente protegida y no urbanizable. Ese hotel nunca debió construirse ahí. Punto. Ha costado poner el punto, pero ahí está por fin. Atrás quedan años de errores políticos, entre ellos los cometidos por el Ayuntamiento de Carboneras y por la Junta de Andalucía, pero también de errores judiciales, como el cometido por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, a quien el Supremo da un buen tirón de orejas por haber emitido dos sentencias contradictorias sobre una misma cuestión, la de si se podía o no construir en esos terrenos. La pregunta que nunca ha sido contestado del todo es ¿por qué? El Algarrobico fue posible porque demasiada gente no hizo bien su trabajo. Tras estallar el escándalo, a mediados de la década de 2000, cuando a los dirigentes del Partido Socialista y de la Junta de Andalucía se les preguntaba cómo había sido posible el hotel solían cara de no haber roto un plato medioambiental en su vida, aunque en verdad no sabían muy bien dónde esconderse de la vergüenza que debía darles haber permitido la construcción de un edificio gigantesco a solo 50 metros de la playa en un Parque Natural y luego haber insinuado con todo el santo morro que ellos eran inocentes. Y puesto que el edifico contravenía flagrantemente la ley de Costas, cabe preguntarse dónde estuvo escondido durante todos esos años el Ministerio de Medio Ambiente. En este, como en tantos casos de la política española reciente, se repetía la socorrida escena del capitán Renault de ‘Casablanca’ escandalizándose de que en el local de Rick’s se jugara, cuando era obvio que él siempre supo y consintió que se jugara y además se llevaba una suculenta comisión. ¡Qué escándalo, aquí se juega!, decía Renault. ¡Qué escándalo, aquí se construye!, vino a decir la Junta cuando estalló el escándalo. Como Renault, las autoridades andaluzas siempre supieron que se estaba haciendo el Algarrobico sencillamente porque no podían no saberlo, porque era imposible no saberlo. El cerco judicial sobre el Algarrobico se ha cerrado definitivamente. Por fin tenemos las respuestas judiciales que llevábamos años esperando. Lo que nunca hemos tenido realmente han sido las respuestas políticas. A estas alturas ya sabemos con certeza que nunca las tendremos.