De toda la carrera de Periodismo, la asignatura Análisis del Discurso quizá sea la más útil para evitar ser gobernados por los peores. En esta materia de la rama de la lingüística se enseña a rastrear los textos para hallar en ellos las verdaderas intencionalidades del autor o autores. Esta herramienta, que guarda conexión con la teoría de los marcos conceptuales de George Lakoff, es una magnífica manera de construir relatos políticos para el bien común, pero también puede servir para todo lo contrario si las intenciones reales son otras. En el comunicado que envía Podemos a los medios de comunicación para informar que ha roto unilateralmente las negociaciones con Izquierda Unida sobre la confluencia de las fuerzas políticas progresistas, lo más preocupante es eso: el uso del lenguaje para engañar, mentir, decir lo contrario de lo ocurrido. Este comunicado permite entrever qué tipo de modelo de sociedad puede producir una organización política despreciativa que dice: “Podemos no ha estado negociando con IU, sino con Alberto Garzón”. O que viene a decir: “Podemos lamenta el no definitivo de Alberto Garzón”, que viene a significar que Podemos lamenta que Alberto Garzón se haya negado a ser un tránsfuga, a asegurarse el puesto y el sueldo rompiendo sus principios y dejando en la estacada a la organización política que lo ha aupado. También dice el comunicado, que debería servir de texto de referencia para una tesis doctoral de Análisis del Discurso: “La imprescindible construcción de la unidad popular no pasa por la agregación jurídica de siglas”. Sí, esto lo dice Podemos una semana después de que se hayan celebrado elecciones en Cataluña, donde Podemos, ICV, EQUO e IU concurrieron a los comicios en forma de coalición electoral, “sopa de siglas” en el lenguaje de Pablo Iglesias. Y por último, el comunicado sentencia: “Seguimos trabajando en la construcción de alianzas, escuchando y hablando con la sociedad en todo el territorio”. Sí, esta frase la expresa una organización política, Podemos, que ha vaciado los círculos de poder de decisión, que los ha vaciado de gente, que ha sembrado un reguero de desilusión después de la burbuja de ilusionismo con la que nació, que ha abierto expedientes y expulsado a cientos de militantes nobles que se han venido quejando del secuestro de una herramienta que se legitimó reivindicándose en el 15M, que justificó su nacimiento para luchar contra las maneras, modos y vicios de la casta y con el objetivo de abrir la política al debate público y democrático; enterrar el partidismo y dar la bienvenida a la política. Lo más preocupante, no obstante, es pensar que las personas que están en la cúpula de Podemos puedan llegar a tocar un mínimo poder con capacidad de realizar leyes, reunirse con colectivos e incluso hasta despreciarlos siguiendo el modus operandi que han tenido con Izquierda Unida y Alberto Garzón. Qué clase de sociedad puede producir quienes usan una dialéctica que desprecia con saña a su ‘amigo ideológico’ –no pensemos ya en el adversario-, que miente y falsea la realidad encerrándola en un comunicado infame y que acusa de llevar “mochila” a una formación que, con sus aciertos y errores, tiene como herencia la lucha contra la dictadura franquista y la conquista de la democracia. Con sus muchos errores y sus muchos aciertos, Izquierda Unida ha sido el faro de decencia, justicia y políticas progresistas cuando en este país no estaba de moda estar indignado, cuando atábamos los perros con longanizas, nos molestaba que nos dijeran que la burbuja inmobiliaria era un suicidio económico, que estábamos destrozando el litoral por cuatro empleos de camarero y los medios de comunicación no emitían debates políticos en horario de máxima audiencia. A cambio, como premio, nosotros luego íbamos y votábamos al bipartidismo que, no olvidemos, llegó a tener en este país hasta el 90% de los votos. A mí una formación política que es capaz de denunciar que un líder político de otro partido se ha negado a ser un tránsfuga, a dejar tirada a su gente, a traicionar a su formación política y pasarse a otro partido para asegurarse el éxito inmediato renunciado a sus principios, con el arrojo, trilerismo, manipulación y aplomo que lo ha hecho Podemos, me da miedo, me inquieta y me produce un tremendo rechazo. Queríamos acabar con las formas del bipartidismo, con sus mentiras, con sus juegos de trileros, no sustituirlas.