La segunda jornada de campaña fue un buen día para el candidato popular Moreno Bonilla. Y no porque, para conmemorar el Día de la Mujer, el PP llenara Andalucía de ministras y las ministras se llenaran la boca de Andalucía, sino porque al candidato del PP se le apareció la Virgen en forma en encuesta electoral, como si también ella, que es una santa, celebrara el 8M. Durante toda la semana el líder del PP tuvo mala cara. Mala malísima. Los líderes son capaces de controlar sus palabras, pero no sus músculos faciales, genéticamente programados para no engañar. Moreno debía de conocer la demoledora encuesta del CIS antes de hacerse pública el jueves, y de ahí esas facciones depresivas que tanto contrastaban con sus eufóricos –e inverosímiles– discursos. MI REINO POR CINCO PUNTOS Ayer fue otra cosa: el sondeo del grupo de prensa andaluza Joly le otorgaba 5 puntos más que el CIS y 5 más de los que esa misma encuesta le concedía en diciembre. Obtener un 30 por ciento no es lo mismo que obtener en 25. En las elecciones lo decisivo no es si pierdes sino cómo pierdes. El Mariano Rajoy perdedor de 2008 lo sabe bien. Con un 25 Moreno perdería muy mal pero con un 30 perdería casi bien. Otra cosa bien distinta es si las encuestas están locas, que un poco locas sí que están, pero mejor hacerse es loco ante su locura porque si no uno mismo saldría loco. Tantos ministros y ministras están bajando a Andalucía y tanto lo está haciendo también el presidente Rajoy que la candidata socialista Susana Díaz echó mano ayer de un cierto choteo retórico para hablar de los viajes del presidente. “Parece que ahora se ha enterado Rajoy de que para venir a Andalucía no hacía falta pasaporte”, dijo Díaz. Un poco de ironía siempre viene bien para desengrasar la campaña. CIFRAS Y LETRAS Según la información oficial de campaña, el PSOE reunió en Córdoba, en la entrega de los Premios Clara Campoamor, a 1.200 personas, pero teniendo en cuenta que la suma la hacía el propio partido, a esa cifra habría que restarle no menos de dos centenas. Aun así, mil también sería muchas. Como muchas eran las que reunió Podemos en la cordobesa plaza de la Corredera, cuyos servicios de información cifraron en más de 2.000, cifra a la que a su vez habría que aplicarle el obligado coeficiente reductor. Aun así, ambos partidos, el PSOE y Podemos son, con todas sus letras, los que están congregando más público en sus mítines. El número de actos de Podemos es mucho menor, pero la respuesta popular indica que las encuestas no van desencaminadas cuando les atribuyen una holgada tercera plaza en el futuro Parlamento. LA SUERTE DE LOS VENCEDORES La sensación que dan los mítines de los dos partidos es que van a por todas, los dos creen que pueden mejorar los pronósticos, los dos confían en su suerte, los dos están convencidos de que se la juegan en un partido más abierto que nunca donde la incertidumbre sobre el resultado es tal que hay que pelear cada centímetro de terreno. También Ciudadanos cree en sus posibilidades, pero está yendo a formatos pequeños en sus actos de campaña. Mientras el PSOE y Podemos muerden, Ciudadanos se limita a comer: la coyuntura le ha regalado una presencia en el Parlamento con la que no contaba y se limita a amarrar esos augurios haciendo el menor ruido posible y, sobre todo, procurando no meter la pata, como le ocurrió en la precampaña a Albert Rivera cuando se mostró dispuestos a enseñar a los andaluces a pescar en vez de regalarles los peces. Luego se desdijo de lo que dijo, pero lo dijo, vaya si lo dijo. CONTRA LOS ELEMENTOS Y si la euforia y el espíritu combativo unen a PSOE y Podemos, la desilusión y el espíritu depresivo unen a Partido Popular e Izquierda Unida. Juanma Moreno cuenta con alguna ayuda de vez en cuando para combatir el desconsuelo: hay alguna cuesta que le es favorable, siempre tiene algún ministro a su lado, muchos medios informativos jamás hablarán mal de él..., pero la suya no va a ser una campaña fácil. Moreno sabe que le han regalado el cargo, los suyos saben que es así, ambos saben que el otro lo sabe y ambos, finalmente, son gente bien educada y ponen cara de no saberlo. Sin embargo, Antonio Maíllo lucha a brazo partido y bastante en solitario contra los elementos, contra las encuestas, contra la psicología, contra el PSOE, contra el PP, contra los suyos, contra los de enfrente…, contra todo, bueno, casi contra todo porque Izquierda Unida sigue empecinada en no luchar contra Podemos.