Marruecos había sido hasta ahora la meta del primer viaje al extranjero del presidente o presidenta de la Junta de Andalucía tras su toma de posesión. Juanma Moreno aún no ha desvelado cuál será su primer destino fuera de la Unión Europea, pero nos permitimos sugerirle que siga la norma no escrita por sus antecesores en el cargo.

Lo que sí ha hecho el nuevo presidente de la Junta ha sido viajar a Ceuta y Melilla para recordar la españolidad de estas ciudades en el norte de África y que la colaboración con ellas está recogida en el estatuto de autonomía de Andalucía.

El gesto de la presidencia andaluza es coherente con la sintonía de los partidos que la respaldan: el PP gobierna en las dos ciudades autónomas, Ciudadanos acentúa su viraje a la derecha y a Vox le gusta ese toque en las narices al monarca marroquí.

Pero debajo de la política gestual hay que trabajar y consolidar lo que nos une con nuestro gran vecino del Sur: Marruecos, que es uno de nuestros mercados estratégicos y el más cercano, que es el primer suministrador de mano de obra de la agricultura andaluza y el país con una mayor inversión privada de nuestra comunidad autónoma.

Además, Rabat tiene la llave de los flujos migratorios hacia la costa andaluza y sus caladeros son vitales para la flota pesquera de Cádiz y Huelva. No es poca cosa lo que nos jugamos en nuestras relaciones de vecindad en la frontera Sur. Por eso hay que fortalecer y profundizar nuestras relaciones con Marruecos, ampliarlas y hacer todo lo posible para generar nuevos contactos en los ámbitos de la cultura, la economía, la ciencia y la política.

El papa Francisco ha recordado en su reciente visita a Rabat que la solución al problema migratorio no está “en la construcción de barreras, en la difusión del miedo al otro o en la negación de asistencia a cuantos aspiran a una legítima mejora para sí mismos y para sus familias.”