En su memorable ‘Antología de la literatura fantástica’, Jorge Luis Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo incluyen este breve fragmento del ‘Ulises’: “¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres”. Perplejos ante la catastrófica evolución que proyectan las encuestas, muchos socialistas que se hicieran la pregunta de Stephen Dedalus ‘¿Qué es un fantasma?’ contestarían sin dudarlo: el PSOE. ¿Y qué es el PSOE? Un partido que se ha desvanecido hasta ser impalpable. ¿Y por qué?  Por ensalmo, por ausencia, por cambio de costumbres. Ciertamente, hasta el 20D todo son esperanzas, todo pende hasta entonces de la fe del carbonero y de su ruego de que la ciencia se equivoque y que el CIS sea un malvado instrumento al servicio del Gobierno. Pero pocos tienen esas esperanzas y casi ninguno esa fe. Y menos en campaña: como los generales del estado mayor cuando han perdido una importante batalla, en elecciones los partidos que van mal en las encuestas están obligados a mentir, a no creer lo que tienen delante de los ojos. Lo prioritario es mantener la moral de la tropa. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]¡OH, DESOLACIÓN, HE AQUÍ TU REINO![/cita] A estas horas debe de reinar la desolación en la planta noble del número 70 de la calle Ferraz. Hace apenas seis meses el socialismo comprobaba tranquilizado cómo la sangría que le estaba provocando Podemos se había por fin detenido y cómo, en cambio, el Partido Popular no cesaba de sangrar por su costado izquierdo a favor de Ciudadanos. ¡Mira cómo palidece el depravado PP, mira, mira! No podían imaginar que una vez que los de Rivera dejaran exangües las arterias del PP, iba a tocarle a ellos. Lo paradójico de todo esto es que no parece fruto ni del talento estratégico de Ciudadanos ni de la torpeza política de Ferraz. La ciencia política ha certificado en apenas un par de meses un severísimo retroceso del PSOE a favor de Ciudadanos pero nadie sabe muy bien por qué diablos ha sucedido tal cosa. Realmente, en esos dos meses ni el cuartel general que dirige Sánchez ha cometido ningún error de bulto ni los de Rivera han dado ningún genial golpe de mano para alzarlos súbitamente esos puntos. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]UNA COCINA VEROSÍMIL[/cita] El PSOE se ha hundido y nadie sabe cómo ha sido. En Ferraz prefieren creer que las encuestas, y muy en particular la del CIS, hacen trampa. En realidad, prefieren hacer como que se creen tal cosa; necesitan creerse tal cosa, no solo por proteger la moral de la tropa, sino por proteger la moral propia. Lo realmente dañino para el PSOE de la encuesta del CIS es que, más allá de que pueda o no pueda estar manipulada, sus resultados son verosímiles. No podemos saber si está manipulada, pero sí sabemos que lo que dice es creíble. Tras el 20D puede repetirse el mismo escenario que tras las europeas de la primavera de 2014. Entonces, la victoria del PSOE de Susana Díaz y la derrota del PSOE de Rubalcaba dejaban en manos de Andalucía el futuro del socialismo español. Y así fue, en efecto: solo que Díaz no actuó en consecuencia. Pudo pero no quiso, y no quiso con razón: tenía excelentes motivos para no querer. Si ahora ocurre lo mismo, esta vez sí que tendrá que actuar en consecuencia. Ahora bien: en las europeas el PP le ganó al PSOE en España por solo tres puntos mientras que en Andalucía los socialistas aventajaron al PP nada menos que ¡en nueve! El 20D las cosas no serán así: el PP puede ganarle al PSOE en España por nueve puntos y ser derrotado en Andalucía por mucho menos. La fuerza de Díaz tras las generales no será la misma que tuvo tras las europeas: no en vano hubo de por medio unas elecciones andaluzas en las que el PSOE ganó pero tuvo muchas dificultades para investir a Díaz. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]¡ES POR EL LÍDER! ¡ES POR LOS ERE![/cita] ¿Por qué está cayendo el PSOE en las encuestas? ¡Es por el líder!, les gusta pensar a algunos socialistas andaluces. ¡Es por los ERE!, les gusta creer a algunos dirigentes federales. Seguramente es por ambas cosas, pero no solo por ellas. La principal razón de su caída, sostenida en el tiempo aunque falseada puntualmente por los resultados de las autonómicas y municipales de mayo, es que no tiene respuestas. O mejor dicho y afinando un poco más: no es que el PSOE no tenga respuestas a los problemas de la gente, es que las que tiene no es capaz de traducirlas en políticas efectivas y, por tanto, no es capaz de hacerlas creíbles. Además de las pensiones, la igualdad, la educación o el estado del bienestar, el problema más importante que tiene la gente es el desempleo y el empleo basura y todo lo que de ambos se deriva: pobreza, desigualdad, impotencia, frustración, resentimiento, incertidumbre…, pero el Partido Socialista no tiene respuestas a ese problema. Tiene frases, no respuestas; tiene unos cuantos titulares, pero no tiene un relato. Pero ¿y Ciudadanos, eh? ¿Acaso Ciudadanos sí que los tiene? No, tampoco los tiene, pero mucha gente cree que sí. Mejor dicho: mucha gente necesita creer que sí. Y además, Ciudadanos tiene dos ventajas sobre el Partido Socialista: tiene un líder más enérgico, perfilado y convincente y no tiene en su mochila nada que se asemeje ni remotamente a los ERE, dicho sea lo de los ERE tanto en sentido literal como metafórico: literal referido al caso andaluz de los ERE y metafórico referido al pasado de un partido que se pone muy ético y muy kantiano cuando está en la oposición, pero actúa de modo muy pragmático y ventajista cuando llega al poder. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]ADIÓS, PEDRO; HOLA SUSANA[/cita] Hace un año y medio, cuando Rubalcaba se marchó, todo el mundo estaba de acuerdo en que el PSOE necesitaba muchas cosas para recuperarse, pero la principal de ellas era un liderazgo fuerte, diferenciado y reconocible por la sociedad. Se trataba de una condición necesaria pero no suficiente: sin embargo, esa condición del liderazgo era tan desesperadamente urgente y necesaria que sin ella no iba a ser posible reconstruir nada de lo mucho que la organización precisaba reconstruir después de que varios millones de personas que venían votándola desde hacía decenios hubieran dejado de hacerlo. Pedro Sánchez no ha cumplido esas expectativas, y no necesariamente por culpa suya. Sencillamente, Sánchez no tiene lo que hay que tener para ser el líder que el PSOE necesita en este momento crucial de su historia. Tal vez Susana Díaz en su lugar tampoco habría cumplido esas altas expectativas. Ahora bien, como los resultados del 20D confirmen los negros pronósticos, tendremos ocasión de saber si, en efecto, Díaz es capaz cumplirlas. ¿Porque es la mejor? En todo caso, porque es la única. El PSOE no tiene hoy por hoy a nadie más en condiciones de intentarlo: en condiciones de lograr el milagro de que el partido de masas que fue en otro tiempo deje de ser el ausente, impalpable y descarnado fantasma que auguran las encuestas.